Obra de Santiago Sierra: 24 fotos pixeladas de separatistas catalanes y terroristas vascos. Galería Helga de Alvear.
Obra de Santiago Sierra: 24 fotos pixeladas de separatistas catalanes y terroristas vascos. Galería Helga de Alvear.
Edición 2530: Jueves, 15 de Marzo de 2018

Las Piernas Cerradas

Escribe: Luis E. Lama |

Obra de Santiago Sierra: 24 fotos pixeladas de separatistas catalanes y terroristas vascos. Galería Helga de Alvear.
Obra de Santiago Sierra: 24 fotos pixeladas de separatistas catalanes y terroristas vascos. Galería Helga de Alvear.

Apenas falta poco más de un mes para que se inicien las ferias limeñas. Tanto PARC como ART LIMA están haciendo una apuesta ambiciosa en un ambiente tóxico para el mercado de arte.
Muy pocas galerías lograron el mínimo de ventas que les hubiera permitido sobrevivir con decoro el año anterior. Este año, cuando la crisis tiende a intensificarse, todo tiende a apuntar que las cosas irán para peor.

¿En un ambiente como el actual tiene sentido celebrar simultáneamente dos ferias? ¿No resulta un exceso de frivolidad? En realidad solo las galerías pueden decirlo. Una feria es un negocio y no un evento cultural. Los principales ganadores resultan siendo los organizadores porque tienen asegurados los ingresos de los alquileres de cada uno de los puestos  Las galerías, en cambio, hacen una apuesta que en buena parte de los casos no ha sido recompensada en las últimas ediciones.

Este fracaso económico pudiera además deberse a la falta de visita de grandes coleccionistas internacionales que permitan comprar en el mercado local aquellas obras a las que no tienen acceso en otros eventos internacionales. Pero los compradores no vienen porque sencillamente hay otras ferias cuyas ofertas son infinitamente más atractivas.

Sobre el territorio masculino, del artista Claudio Goulart. Obra expuesta por la galería José de la Mano.
Sobre el territorio masculino, del artista Claudio Goulart. Obra expuesta por la galería José de la Mano.

Ese carácter provinciano –en el sentido más peyorativo– no es exclusividad del Perú. Hay muchísimas más repartidas por América Latina, puede ser que Ch.ACO, en Santiago, comparta fracasos con las de Lima Las razones son varias, pero de todas ellas, la más importante es la limitación del mercado donde estas se realizan, la ausencia de grandes coleccionistas y la inasistencia de buenas galerías internacionales.

Ignoro quienes participarán este año, pero asumo que dependerá exclusivamente del poder económico de cada uno, en las concesiones en los alquileres que se suelen hacer y, particularmente, a ese atractivo añadido que nadie quiere admitir. La figuración en las páginas sociales, esa hoguera de vanidades para adinerados, como bien lo relató Tom Wolfe. Esta tajante separación entre arte y negocio es lo que vuelve impostergable que el MAC corte toda relación con PARC. Una actividad es la antítesis de la otra y nuestro medio no está para este tipo de confusiones.  

Mi reciente experiencia en ARCO ayudó a ponerme en orden. Que la obra más publicitada de la feria fuera un esperpento del menguante Santiago Sierra –hecho específicamente para escandalizar– evidenció la frivolidad del evento. Fueron 24 fotos pixeladas de separatistas catalanes, terroristas vascos y otros prisioneros por delitos comprobados. No presos políticos. Costaba 100,000 dólares. Al final la Galería Helga de Alvear la vendió por 125,000 a Tatxo Benet, un millonario independentista que la ha puesto en exhibición permanente en la Iglesia de Lleida. El escándalo lo ocasionó el pedido de IFEMA de retirar la obra, algo previsible, pues al revisar el catálogo, lo que anuncia Helga de Alvear es una instalación de James Casebere.

Video de Tomás Maglione: de lo mejor de ARCO. Galería Ruth Benzacar.
Video de Tomás Maglione: de lo mejor de ARCO. Galería Ruth Benzacar.

Es necesario decir que en esta versión hay pintores y escultores, fotógrafos y videastas en calidad superior a ediciones anteriores. He podido ver menos de lo deseado, el tumulto no permitía ver más, pero lo apreciado me permite tener esperanza en los artistas jóvenes que asumen con más rigor su contemporaneidad.

A ARCO asistieron más de 100,000 personas que salieron –material e intelectualmente– más empobrecidas de lo que ingresaron. El abundante dinero gastado en arte-chatarra permite testimoniar que en todos lados hay estafados y estafadores. Sin embargo lo más insufrible, entre tantos glitteratis, hipsters, esnobs y los que iban a exhibirse, fue lo anunciado como la mayor genialidad de la feria: “El futuro no es lo que va a pasar sino lo que vamos a hacer” –una frase tomada de Jorge Luis Borges– para bautizar un espacio donde se suponía que los curadores se lucirían con sus artistas invitados. Fue un despropósito. El lucimiento de los participantes quedaba reducido a un diseño liliputiense que obligaba a agachar la cabeza, una luz tan mal orientada que cegaba al espectador y ese piso verde estridente hacía que lo exhibido estuviera al nivel de juguetería barata.

Cumplida más de una hora de penitencia en el infierno, salí corriendo al Museo del Prado donde encontré el paraíso rediseñado por Rafael Moneo en el Claustro de los Jerónimos.

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