Venancio Shinki y los rostros de Cristo. “La ex  hibición curada por Élida Román en la galería Pancho Fierro es modélica. Un brillante ejercicio de memoria”, dice Luis Lama.
Venancio Shinki y los rostros de Cristo. “La ex hibición curada por Élida Román en la galería Pancho Fierro es modélica. Un brillante ejercicio de memoria”, dice Luis Lama.
Edición 2525: Jueves, 8 de Febrero de 2018

Un Brillante Ejercicio de Memoria

Escribe: Luis E. Lama |“Es capaz de convertir grandes obras con materiales con los cuales otros lograrían simple chatarra. De eso también trata el arte”.

Venancio Shinki y los rostros de Cristo. “La ex  hibición curada por Élida Román en la galería Pancho Fierro es modélica. Un brillante ejercicio de memoria”, dice Luis Lama.
Venancio Shinki y los rostros de Cristo. “La ex hibición curada por Élida Román en la galería Pancho Fierro es modélica. Un brillante ejercicio de memoria”, dice Luis Lama.

La muestra de Venancio Shinki curada por Élida Román en Pancho Fierro es modélica. A partir de un número reducido de pinturas ella permite abarcar la trayectoria del artista y, de manera paralela, ver los cambios acontecidos en el arte de nuestro país en el periodo que abarca la exposición.

La curadora tiene la autoridad para trabajar en torno al artista. Ella fue la que desde los años 70 lo acogió en la legendaria Galería 9 y se encargó de divulgar su obra, haciendo curaduría de sus retrospectivas –en la Sala Miró Quesada hizo una investigación ejemplar– y, finalmente, escribiendo sus catálogos internacionales, entre otras memorables participaciones.

Trabajar en torno a un artista fallecido es particularmente difícil y sus costos son elevados. Román optó por analizar la obra que Shinki había legado a sus hijos haciendo una rigurosa selección de aquellos cuadros emblemáticos, algunos de los cuales los amigos conocíamos por haberlos visto en su domicilio. Desde el desnudo hecho en el taller de Alberto Dávila hasta los haikus reunidos en una carpeta plegable exhibida  de su última exposición.

La curadora optó por concentrarse en aquellos cuadros que trazan un recorrido de la trayectoria del artista, y en cierta medida de las variaciones de la pintura peruana en el siglo XX. Desde el cubismo iniciático al informalismo de impronta oriental, tan característico de los años 60. Se incluyen además piezas de transición entre la abstracción y la figuración onírica que lo caracterizaría hasta el fin de su vida.

Ella además incluye cuadros inéditos que el pintor hacía cada año durante Semana Santa. No eran trabajos para galerías, eran testimonios de su fe, a veces no acabadas como acostumbraba, pero sí con incorporaciones precisas de la iconografía que lo caracterizaba.

La exhibición es un brillante ejercicio de memoria. No está basada únicamente en pinturas sino también en críticas y publicaciones sobre el deambular de un artista fundamental que permite adentrarnos en uno de los mundos más fascinantes de la plástica del Perú.

La curadora propone además una participación lúdica del espectador a través de: “la deconstrucción de algunos de los símbolos que lo habitan, invitando a crear, en base a ellos, nuevas interpretaciones que nos aproximen aún más a un vocabulario inventado, donde la poesía está presente y comanda los ritmos de su composición”.

Esta iniciativa debería continuar con otros artistas fallecidos. La lista de los pendientes de homenajear es inagotable.

Flores artificiales sobre tela. Obra de Alberto Casari en la galería Frances Wu. Casari estudió en la PUCP y en la Escuela de Bellas Artes.
Flores artificiales sobre tela. Obra de Alberto Casari en la galería Frances Wu. Casari estudió en la PUCP y en la Escuela de Bellas Artes.

ALBERTO CASARI
Exhibe en Frances Wu una colección de obras recientes donde podemos apreciar diferentes vertientes de su carrera y a la vez una ratificación de su pasado con lo exhibido en la sala posterior de la galería, permitiendo una comparación entre ambos momentos de la vida de un artista indispensable.

Casari estudió en la Pontificia Universidad Católica y en la Escuela de Bellas Artes, pero su trabajo es evidente resultado de experiencias europeas, particularmente italianas, donde vivió largos años antes de su regreso a Lima.

Esas vivencias se pueden apreciar en la influencia recibida del Arte Povera que tuvo tanto apogeo en Roma, Turín y Milán, con notables representantes y una sólida base teórica a cargo de Germano

Celant. Fue una de las tendencias que marcó la vanguardia italiana durante los años 60. Paulatinamente se fue expandiendo hasta llegar a artistas tan representativos como Beuys, cuya influencia en Casari se evidencia particularmente en ese cuadro de tela con tachuelas del 2016.

Su relación con el Arte Povera fundacional se evidencia en las raíces con añadidos de cemento o tela, los relieves en las paredes y en los materiales elegidos. Pero también hay hay piezas de marcada influencia de Mario Merz o Jannis Kounellis como se puede apreciar en El agua helada en la que reúne una olla con una mesa de hierro, agua y refrigerante de motor, en una nueva versión a la apreciada con anterioridad.

Los nuevos trabajos de Casari sobre tecnopor tienen una cualidad precaria de acuerdo a la estética enunciada por Celant que proponía un artista que asumiera “una nueva actitud, donde tomaba posesión de una realidad que es el verdadero sentido de su ser”.

Como ocurrió con quienes le precedieron, su compromiso conceptual resulta tan evidente como su nivel estético tan apreciable –tan impúdicamente elegante– que es capaz de convertir grandes obras recurriendo a materiales con los cuales otros lograrían simple chatarra. De eso también trata el arte.    

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