Fotografía de Luis José Celi. La Máquina de Arcilla está “en el distrito de Huanchaco y su deterioro es responsabilidad de esta Municipalidad”.
Fotografía de Luis José Celi. La Máquina de Arcilla está “en el distrito de Huanchaco y su deterioro es responsabilidad de esta Municipalidad”.
Edición 2523: Jueves, 25 de Enero de 2018

Odisea Norteña

Por: Luis E. Lama | “Su motivación es recuperar La Máquina de Arcilla y el espacio que la rodea”.

Fotografía de Luis José Celi. La Máquina de Arcilla está “en el distrito de Huanchaco y su deterioro es responsabilidad de esta Municipalidad”.
Fotografía de Luis José Celi. La Máquina de Arcilla está “en el distrito de Huanchaco y su deterioro es responsabilidad de esta Municipalidad”.

Elidio Espinoza Quispe, alcalde de la Municipalidad Provincial de Trujillo, está haciendo una destacada gestión en el campo de la cultura. La gerente de Cultura y Educación es la artista trujillana Rosa Benites, a quien conocíamos de distintos premios y presentaciones en Lima. Ella está haciendo un titánico esfuerzo promocionando encuentros nacionales, creando premios nacionales de Artes Visuales, como el entregado a Miguel Aguirre, editando libros y estimulando actividades en el campo de las Artes Visuales. La más notable ha sido un “Concurso de Ideas” cuya motivación es recuperar La Máquina de Arcilla y el espacio que la rodea.

Esta es la mayor obra pública del Perú y su autor es Emilio Rodríguez Larraín, uno de los artistas de mayor trascendencia en el siglo XX. La construcción está ubicada en el distrito de Huanchaco y su deterioro es responsabilidad de esta municipalidad en la cual no tiene injerencia la MPT. Sin embargo, el alcalde Espinoza solicitó a la comisión de Cultura del Congreso que interviniera para su recuperación. Posteriormente envió un oficio a Luis Galarreta, Presidente del Congreso, quien se limitó a devolverlo con demandas de precisiones técnicas y legales que corresponden a otro sector.

Se hicieron además varias gestiones ante el Comité Organizador por la Visita del Papa alertando sobre la vulnerabilidad de la “máquina”, ante lo cual la Dirección Desconcentrada de Cultura de La Libertad respondió que no tiene competencia sobre una obra que no es Patrimonio Cultural de la Nación

Como todos los esfuerzos han sido estériles, hablé con el buen Alejandro Neyra, flamante ministro de Cultura, quien estaba enterado del caso. Me prometió investigar la situación en la que se encontraba La Máquina… y los pasos que se darían durante su gestión. Hasta el momento de escribir esta nota no ha respondido a mi requerimiento, pero quiero creer que lo hará. Hay que señalar que desde el mandato de Salvador del Solar había un proyecto para declararla Patrimonio Cultural. Designación que por sí sola no garantiza su recuperación. Un apoyo a este esfuerzo podría darlo el Museo de Sitio de Chan Chan que cuenta con un magnifico laboratorio con capacidad para analizar la perdurabilidad del adobe.

El alcalde Espinoza ahora gestiona ante el Ministerio de Cultura la restauración y conservación de nuestra mayor obra de arte público contemporáneo. Sí se puede, Alejandro Neyra. (Continuará).

Primera individual de Jorge Eduardo Maita inclu   ye el monumento a Bolognesi, en versión de Artemio Ocaña. Derecha: pintura sobre cartón.
Primera individual de Jorge Eduardo Maita inclu   ye el monumento a Bolognesi, en versión de Artemio Ocaña. Derecha: pintura sobre cartón.

MAITA

La primera individual de Jorge Maita en Galería Forum permite apreciar a un sobresaliente dibujante cuya obra había apreciado en colectivas que siempre concitaban mi atención. Su soporte eran papeles doblados a modo de origamis que permitían la relectura de una imagen usualmente emblemática.

Para su muestra Maita elige el monumento a Bolognesi, en versión de Artemio Ocaña, acentuando la heroicidad de la escultura en serigrafías sobre metal, o dibujándola sobre cartón para crear un políptico que divide la imagen en múltiples piezas y permite concentrarnos en el plano general y en el detalle para permitir una revisión de lo reproducido.

Pero, como ocurre con Cristo en la apertura de La Dolce Vita, el Bolognesi de Maita parece levitar y detrás, sobre la base, hay una serie de andamios de construcción que le permite crear una metáfora sobre un país precario en el cual todo se encuentra en perpetua refacción.

Puede ser inevitable el recuerdo a Pablo Patrucco, sin embargo Maita discurre por otras vías evadiendo el fotorrealismo para privilegiar una reelaboración de la iconografía patriótica. Esto puede apreciarse en las dos pinturas verticales sobre cartón corrugado en las que deja, deliberadamente, la precariedad de los dobleces. 

Este soporte tiene una connotación simbólica y reta a las convenciones de un mercado que demanda el lienzo. El expositor asume así un riesgo respetable que se expande a los cinco dibujos silueteados colocados sobre repisas, reforzando esa idea de rebelión y haciendo que el contenido de la muestra exceda el anecdotario representado. Es en estas obras donde el artista introduce los vestigios de humanidad a través de transportes, transeúntes y arquitectura que configuran un emblemático entorno urbano.

Maita es muy talentoso. Esta ambiciosa primera individual demandaba un curador que pudiera orientar ciertos aspectos del espacio galerístico y el retiro de alguna pieza que distrae la coherencia de este combativo guerrero. Hay que seguirlo.  

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