Instalación minimalista de Fernando Prieto, ganador 2016 de 'Pasaporte para un artista', en Galería L’Imaginaire de la Alianza Francesa de Miraflores.
Instalación minimalista de Fernando Prieto, ganador 2016 de 'Pasaporte para un artista', en Galería L’Imaginaire de la Alianza Francesa de Miraflores.
Edición 2516: Jueves, 30 de Noviembre de 2017

Explosión

Escribe: Luis E. Lama | “La obra de Cordero es una de las más originales, audaces y, ¿por qué no? Esperpénticas”.

Instalación minimalista de Fernando Prieto, ganador 2016 de 'Pasaporte para un artista', en Galería L’Imaginaire de la Alianza Francesa de Miraflores.
Instalación minimalista de Fernando Prieto, ganador 2016 de 'Pasaporte para un artista', en Galería L’Imaginaire de la Alianza Francesa de Miraflores.

La muestra de Miguel Cordero es una explosión de creatividad en un medio tan adicto a las copias internacionales que desbordan Google. En lugar de la red, Cordero (51) se dedica a hurgar su realidad más allá de las experiencias cosmopolitas vividas unos cinco lustros atrás.

Desde su egreso de la Escuela de Bellas Artes, su talento desbordante y su bonhomía lo hicieron muy querido en el medio. Las invitaciones se sucedían y en cada participación sorprendía por el ingenio y la búsqueda de nuevas alternativas para hacer un trabajo libre de condicionamientos, ajeno a cualquier convención.

Cordero marchó a Londres y luego radicó en Arequipa, pero dejó el arte en un nicho a salvo de la comercialización y prefirió dedicarse a otros menesteres para sobrevivir. La cocina arequipeña lo acogió durante un buen tiempo hasta que comenzó a expandirse a los pueblos circundantes para encontrar los verdaderos motivos que nutren las obras que ha expuesto en el CCRP.

Cordero merecía estar en una sala abierta que permitiera apreciar sus rupturas y sus ironías, pero sobre todo esa poesía visual inédita, profundamente sentida, que se aprecia en videos, danzas y vestidos inventados como las chompas para alpaca o la galonera azul llena de “agua bendita”.

El aislamiento de Lima ha hecho bien a Miguel Cordero. Su trabajo se ha alejado de la uniformidad de la producción local para convertirse en un estallido que subvierte el esteticismo que nos domina. El gigantesco sostén destinado para la vaca reproducida en papel que luego ha arrugado es un ejemplo de ello, pero también lo son las joyas aparentemente tradicionales que se complementan con interiores de nuestro cuerpo, como ocurre con el collar de plata con cálculos biliares y con la próstata colocada en primoroso cofre de filigrana. Son objetos de abren un camino inédito en un arte que demuestra que a pesar de las migraciones masivas a Lima, el “Perú profundo” sigue existiendo.

Es imposible abarcar toda la exposición en este espacio disponible. Solo queremos añadir que entre las obras más alucinatorias se encuentra la infinita chompa de ciempiés usada por campesinos en una suerte de danza ritual que el artista ha grabado en video, desde un punto de vista cenital para mostrar una danza hipnótica y deslumbrante.

Bidón de agua bendita. Derecha: Manifiesto a la  militancia. Obras de Miguel Cordero, egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes.
Bidón de agua bendita. Derecha: Manifiesto a la  militancia. Obras de Miguel Cordero, egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Miguel Cordero fue amigo de Juan Javier Salazar y compartió con él una visión del arte y de la sociedad que se manifiestan en la irreverencia de sus obras. Pero la visión de Cordero es tan personal, tan afincada en nuestros interiores, que hacen de su obra una de las más originales, audaces y, ¿por qué no? Esperpénticas que se hayan producido en el Perú. Grande, Miguel.

¡AY, PARÍS!

La exposición de Fernando Prieto en L’Imaginaire es una instalación tan minimalista que puede pasar desapercibida en una sala que no ha logrado insertarse de manera profesional en el circuito de galerías locales.

El trabajo actual es el resultado de su experiencia de La Cité International des Arts, en el que permaneció por haber ganado el año anterior el “concurso” (?) Pasaporte para un artista. La instalación pretendía que el público pudiera explorar su sistema perceptual y sus relaciones con la memoria, el tiempo, los pensamientos y la corporeidad (sic), objetivo que está lejos de alcanzar debido entre otras cosas a la relación con los objetos en el espacio, la luz y nuestros cuerpos.

Los complejos procesos de percepción demandan requerimientos muy precisos para lograr que un espacio invite a la meditación o a la suspensión de la realidad. Me consta que en nuestro espectador promedio lo que ocasiona el artista, en el mejor de los casos, es desconcierto o simplemente rechazo. 

Fernando Prieto ha mostrado una inteligencia y espiritualidad a lo largo de estos años en los cuales cada participación suya destacaba nítidamente sobre las demás. Se trata de un hombre riguroso que ha venido trabajando con elementos poco ortodoxos.

Pero la residencia luce haber distorsionado su coherencia. Sustenta Prieto: “Ombes deirt vaarr (título de la muestra) es una frase inventada, compuesta por dos palabras que conocemos, un juego entre forma y contenido. Es un espacio para la duda, para el juego y la imaginación. Intenta ser un espacio para no entender. Un espacio para desconocer”. Todo bien. Solo que resulta penoso que un artista tan apreciable no haya tomado en consideración el profundo aburrimiento que ha sido capaz de crear.

Loading...