Amazzonia (1992). Acrílico sobre tela. Colección particular. Autorretrato definitivo (1985). Acrílico sobre yute (180 x 180 cm.)
Amazzonia (1992). Acrílico sobre tela. Colección particular. Autorretrato definitivo (1985). Acrílico sobre yute (180 x 180 cm.)
Edición 2515: Jueves, 23 de Noviembre de 2017

Acontecimiento

Por: Luis E. Lama | “Para él fue un acicate trabajar a partir del arte precolombino para crear quipus contemporáneos”.

Amazzonia (1992). Acrílico sobre tela. Colección particular. Autorretrato definitivo (1985). Acrílico sobre yute (180 x 180 cm.)
Amazzonia (1992). Acrílico sobre tela. Colección particular. Autorretrato definitivo (1985). Acrílico sobre yute (180 x 180 cm.)

La retrospectiva de Eielson en el MALI es un acontecimiento de visita obligatoria. Las salas del primer piso albergan obras que ya hemos conocido y otras olvidadas o descubiertas de un artista cuya producción es incalificable. La curaduría de Sharon Lerner y Gabriela Rangel (Venezuela / E.U.A.) es modélica porque han sabido cohesionar en un mismo espacio el trabajo de uno de los artistas más complejos del siglo XX. Eielson es uno de nuestros grandes poetas, considerado como parte de esa gran “Generación de los 50”, de la cual también formó parte Blanca Varela y otros escritores que constituyen lo más brillante que hemos tenido en ese medio siglo de ebullición que nunca más hemos vuelto a repetir.

Puede ser que su permanente autoexilio europeo lo haya alejado del masivo reconocimiento que han tenido artistas como Szyszlo. Sin embargo su relación con el Perú siempre se mantuvo. Para él fue un acicate trabajar a partir del arte precolombino para crear esos quipus contemporáneos que constituyeron un gran hallazgo en tiempos de efervescencia del pop art y que luego fuera profundizando en décadas posteriores, haciendo nuevas indagaciones a partir de las formas, reinventando los nudos para crear relieves con refinamiento propio de poeta.

En realidad era posible avizorar el desarrollo de los quipus a partir de trabajos previos relacionados con el neodadaísmo duchampiano, particularmente sus cuadros con camisas en la colección del MALI, o los pantalones pegados (1962),  propiedad de Galería Enlace que permiten presagiar lo que vendría después.

Eielson nadando entre flores. Foto de evidente carácter performático (1960).
Eielson nadando entre flores. Foto de evidente carácter performático (1960).
  Desde los años 60 hay fotos de evidente carácter performático, como ocurre con las fotografía de él “nadando” en un campo de flores y la de Michelle Mulas –el compañero de su vida– en otro paisaje idílico. Son obras que dan fe que Eielson conoció del amor y supo de la felicidad.

En los 70, cuando el neomarxismo terminaba por imponer conceptualismo, dinamitando el objeto del arte para imponer las ideas, Eielson expandió los nudos a las performances. Es memorable su participación en la Bienal de Venecia en 1972 con su acción El cuerpo de Giulia-no del que queda el registro fotográfico, en una época en la cual era imposible pensar en términos de video. Eielson continuó con las performances y una de las más notables fue Dormir es una obra de arte, realizada en Lima, en 1978.

Otra importante performance en el Perú fue realizada cuando yo dirigía lo que es hoy la Sala Luis Miró Quesada Garland. La segunda parte del espacio fue pintada de azul intenso para simular el fondo del mar. Allí  hizo una instalación surrealista que ubicaba al espectador en el fondo de un mar con montículos de arena en su base y sillas flotantes. Él quería añadir un esqueleto real cubierto en pan de oro, lo que no pudo lograr por las limitaciones de la década. Entonces hizo su performance trayendo desde Barranco a una mujer envuelta como un fantasma, recorriendo el camino en un descapotable hasta llegar a la sala para que este cuerpo extraño ocupara ese fondo del mar que Eielson había construido para su eternidad.

Desde entonces desarrollamos una cercanía que se mantuvo a través de cartas, particularmente con mi esposa Alicia Cabieses, en el que hablaban sobre el arte, la poesía y la vida. Sin embargo, por razones atribuibles a la distancia, Eielson no tuvo el amplio reconocimiento que su obra merecía. Permaneció como un artista de culto en un limitado círculo del Perú. Solo en sus años finales, particularmente en el presente siglo, su trabajo fue más divulgado, Puede ser que el premio Teknoquímica de 2004 y la gran exposición que la acompañara haya contribuido a un mejor conocimiento de un artista al que hoy finalmente se le rinde el tributo que siempre ha merecido.

Nudo (1973). Tela de algodón. Amazzonia (1993). Acrílico y tela sobre madera.
Nudo (1973). Tela de algodón. Amazzonia (1993). Acrílico y tela sobre madera.

Habría que añadir que los nudos han opacado la importancia de una pintura de extremo interés plagada de indagaciones que van desde el informalismo, a una abstracción geométrica, con indudables referencias musicales, a los paisajes de la costa y, finalmente, los autorretratos que vendrían después. Sobre esta obra Eielson, sostiene: “Pintarse a sí mismo –como fotografiarse o filmarse– puede ser una operación de simple narcisismo, más o menos velado, como también un ejercicio de humildad, de meditación y exploración de la propia identidad, carnal y espiritual para saber más de sí mismo, y, a través de sí mismo, de los demás”.

Un grande.

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