Leoncio Villanueva egresó en 1971 de la Escuela   de Bellas Artes, en la misma promoción de Elda Di Malio, de quien fue amigo hasta el final.
Leoncio Villanueva egresó en 1971 de la Escuela de Bellas Artes, en la misma promoción de Elda Di Malio, de quien fue amigo hasta el final.
Edición 2513: Jueves, 9 de Noviembre de 2017

Carne y Delirio

Escribe: Luis E. Lama |“Nuestro chato minimalismo es una concesión a un mercado cuyo objetivo es la venta y no la subversión”.

Leoncio Villanueva egresó en 1971 de la Escuela   de Bellas Artes, en la misma promoción de Elda Di Malio, de quien fue amigo hasta el final.
Leoncio Villanueva egresó en 1971 de la Escuela de Bellas Artes, en la misma promoción de Elda Di Malio, de quien fue amigo hasta el final.

La exposición de Leoncio Villanueva en La Galería es un esperado regreso después de haber exhibido en espacios más reducidos donde no se podía apreciar con la debida corrección la sutileza de esta pintura, el oficio perfecto –quizás hasta el delirio– y los múltiples contenidos de una pintura compleja que demanda varias lecturas para aprehenderla...

En tiempos en los cuales la moda impone el minimalismo plano, la chatura, y el impacto del color sobre el espacio, anulando todo tipo de reflexión en torno al hecho pictórico o a la vida misma, Villanueva se enfrenta a esa objetualidad para narrar historias encriptadas y crear un mundo paralelo, más cercano al delirio que a nuestra cotidianeidad.

Son cuadros para verlos con detenimiento en tiempos que el espectador apenas otorga dos segundos para asimilar el impacto que le proponen obras que dentro de cinco años estarán en el tacho de basura. Ocurre, que como en los años 70 se ha impuesto una tendencia efímera, que hoy en cambio carece del sustento filosófico del siglo anterior. Como no vivimos en tiempos neomarxistas ni queremos combatir el mercado, nuestro chato minimalismo es una abierta concesión a un mercado cuyo objetivo es la venta y no la subversión. Ciertamente hay notables excepciones, pero ellas son minorías dentro de este tsunami mercantilista.

Leoncio Villanueva tiene una distinguida carrera nacional e internacional. A sus 70 años puede ser considerado uno de los maestros de su generación, hecho que pudiera no haber logrado por sus dilatadas permanencias en el exterior.  Egresado en 1971 de la Escuela de Bellas Artes, que vivía entonces sus mejores tiempos bajo la dirección de Ugarte Eléspuru. En la misma promoción se encontraba la entrañable Elda Di Malio de quien fue amigo hasta el final.

Diálogos (2017). Óleo y acrílico sobre lienzo (130   x 110 cm). Derecha: Ritmos (2016). Óleo y acrílico sobre lienzo. Obras de Leoncio Villanueva.
Diálogos (2017). Óleo y acrílico sobre lienzo (130   x 110 cm). Derecha: Ritmos (2016). Óleo y acrílico sobre lienzo. Obras de Leoncio Villanueva.

Muy pronto marchó a Europa gracias a una beca francesa y radicó en París hasta 1987, pasando las dificultades propias de los emigrados latinoamericanos para ubicar un nicho europeo. Y él lo logró. Su ultima exposición en la Galeríe du Dragon fue su despedida. Entonces decide marchar al DF mexicano donde su pintura abrevó de un misticismo que hasta hoy es posible apreciar en su obra.

Lo visité en su casa de Coyoacán cuando ya era un pintor afincado en el medio y rodeado de otros talentosos mexicanos, que también expusieron en Lima en la desaparecida galería Ivonne Briceño. Entre todos compartían una forma de ver el mundo, una rebeldía eminentemente latinoamericana y un notable nivel en su pintura. En ellos la realidad podía ser un vuelo iniciático en Peyote –que no alucinatorio en ayahuasca– luego procesado por el pensamiento y las teorías que desde Freud a Lacan se han ido sucediendo a lo largo del siglo XX.

El aporte mexicano fue esencial en esta obra. A su regreso se apreciaban los rituales, las constelaciones contrapuestas a la tierra, la carne enhiesta, los animales sacrificados, las iguanas y todo el delirio de una iconografía solo controlada por el perfecto dibujo y el uso de elementos náurales ajenos a la pintura. Fue la época de las indagaciones tridimensionales, como la escultura homenaje a los Beatles que exhibiera en la Miró Quesada y luego fuera donada al MALI.

Después de su fructífera residencia limeña marchó a una larga residencia en Bélgica donde continuó creando nuevos mundos hasta que decide su regreso definitivo a Lima en el 2015. Desde entonces ha tenido exposiciones en Yvonne Sanguineti y una que otra colectiva. Esta es su principal individual desde su regreso Y el reencuentro no puede ser mejor. Mundos alucinatorios, cactus estrellados, rítmicas baldosas, y un espacio creado en base a un refinadísimo trabajo. A ellos se unen los elementos flotantes cuyas sombras crean ilusiones tridimensionales y otras indagaciones formales, como aquella en que rompe el rectángulo y convierte al cuadro en un pentágono para pintar sobre él una fúnebre iconografía.

A pesar de que en el texto escrito por el mismo artista se define neosurrealista, no creo  que sea la descripción más apropiada. Aquí todo está más lejos de los sueños que de la alucinación. Es un vuelo que hace que penetremos en un mundo en miniatura, altamente tóxico, tan similar al nuestro y a la vez tan alejado de la cotidianeidad de quienes no saben mirar lo que se oculta tras cada una de las apariencias de la vida. Y allí, en esta conceptualización del hecho de ver la vida, radica uno de los mayores méritos de Leoncio Villanueva.

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