Cielo caído, obra de arte de Miguel Alfaro. Acrí  lico y carbón sobre lienzo. 90 x 80 cm. Derecha: Miguel Alfaro. Retrato.
Cielo caído, obra de arte de Miguel Alfaro. Acrí lico y carbón sobre lienzo. 90 x 80 cm. Derecha: Miguel Alfaro. Retrato.
Edición 2509: Jueves, 12 de Octubre de 2017

Claudia Coca

Escribe: Luis E. Lama | “Cuando muchas salas se baten en retirada, La Galería de San Isidro asume un riesgo”.

Cielo caído, obra de arte de Miguel Alfaro. Acrí  lico y carbón sobre lienzo. 90 x 80 cm. Derecha: Miguel Alfaro. Retrato.
Cielo caído, obra de arte de Miguel Alfaro. Acrí lico y carbón sobre lienzo. 90 x 80 cm. Derecha: Miguel Alfaro. Retrato.

Presenta dos exposiciones simultáneas en La Sala Luis Miró Quesada Garland y en la Galería El Paseo. Se trata de dibujos a carboncillo que se alejan de toda pretensión hiperrealista para dar prioridad a las tramas, al gesto y al claroscuro. Los resultados son próximos al impresionismo, algo que puede apreciarse mejor en los formatos de menor tamaño, en ambas salas.

Sin embargo es en la SLMQ donde se evidencia el título Cuentos Bárbaros (Otras Tempestades), debido a que la sala le permite expandirse, particularmente en el tríptico sobre el Océano Pacífico, o la instalación en la segunda sala que es su mayor acierto. Es en este dibujo alargado que se extiende desde la pared hasta el piso, en el cual el paisaje se va trasmutando en una piel de jaguar, donde se aprecia mejor la simbología que de la que habla Dorota Biczel, quien aporta el sustento teórico de esta obra.

Claudia Coca ha venido trabajando –quizás hasta la saciedad– en torno al racismo y la marginación, pero nunca como ahora ha alcanzado ese nivel simbólico logrado a través de la representación de la costa peruana, de espaldas a las otras regiones de este escindido país.  Ese “jaguar sin cola” que ella representa y Biczel nos habla, de inmediato nos remite a Juan Javier Salazar, en un registro totalmente diferente.

De la serie <i>Tempestades 2</i>. Invertido.
De la serie <i>Tempestades 2</i>. Invertido.
La muestra nos recibe con un video ubicado debatiblemente al ingreso, lo que obliga a poner cortinas en la puerta que oculta el contenido interior. Pudiera ser que una confrontación entre la imagen en movimiento frente al enorme dibujo hubiera sido más pertinente para redondear un enfrenamiento entre ficción y realidad. Sin embargo, el montaje opta por ubicar dos grandes formatos con Museos de Arqueología, Perú - México, que de inmediato dan indicio al espectador que se encuentra frente a algo más que la tradicional exposición playera.

Los formatos que aluden a National Geographic lucen más una ironía sobre el cliché del paisaje que ella subvierte con dibujos marcados por la ausencia de humanidad, algunos acertadamente presentados de manera invertida para ubicar nuestra mirada en una posición imposible.

Biczel culmina su texto de manera cuestionable: “El ‘bárbaro’ imaginado por poderes coloniales vuelve la mirada, tanto desafiante como entero”. Esa no es necesariamente la conclusión más acertada que se lleva el visitante de estas dos meritorias muestras.

MIGUEL ALFARO

En tiempos en los cuales el mercado de arte está cambiando radicalmente, cuando muchas salas se baten en retirada dejando el mercado en manos de decoradoras y vendedoras, La Galería de San Isidro asume un riesgo y presenta una muestra que está lejos de los parámetros de la comercialización.

Miguel Alfaro es un dotado artista de quien había visto su anterior exposición en el ICPNA, en la cual buscaba ampliar los criterios del soporte pictórico sin por ello rehuir el lienzo.

&lt;i&gt;Pac&iacute;fico&lt;/i&gt;, de Claudia Coca. Tr&iacute;ptico sobre el Oc&eacute;ano&nbsp;&nbsp; Pac&iacute;fico. Coca presenta dos exposiciones simult&aacute;neas en la SLMQ y en la Galer&iacute;a El Paseo.
<i>Pacífico</i>, de Claudia Coca. Tríptico sobre el Océano   Pacífico. Coca presenta dos exposiciones simultáneas en la SLMQ y en la Galería El Paseo.

De manera más madura reitera sus postulados en Alternancias su actual exposición que puede ser desconcertante para un espacio no experimental en nuestro medio. Su obra sobre cartón corrugado o el que tiene base de panal, resulta inédito, sobre todo los resultados tridimensionales y bordes irregulares, que evidencian cómo Alfaro se encuentra en plena búsqueda de un lenguaje personal.

Alfaro además se ratifica en la pintura, particularmente en una abstracción expresionista, en un medio en el que solo la pintura plana tiene acogida. Pero esas geometrías baratas, cuando se agote la moda, serán tiradas al tacho de basura en menos de cinco años. La historia tiende a repetirse.

El artista además hurga en otros soportes no convencionales, como la pintura en la parte posterior de mayólicas arrancadas, en un conjunto en los cuales la textura predomina. Por eso, la sala pequeña de La Galería resulta modélica, porque concentra todas las indagaciones del pintor, además allí se encuentra ese formato mínimo blanco, irregular, accidentado que resulta uno de sus mayores aciertos.

Los lienzos de gran formato nos remiten a la gran pintura norteamericana del medio siglo anterior, en ellos podemos encontrar huellas de Philip Guston y el parco cromatismo de Frankenthaler. En la única pieza donde estalla el color es donde se puede apreciar mejor a un pintor desinhibido que abandona la continencia en busca del placer visual. Vale la pena seguirlo. 

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