Pool Guillén (1975), foto retrato. El escultor peruano estudió en la PUCP.
Pool Guillén (1975), foto retrato. El escultor peruano estudió en la PUCP.
Edición 2504: Jueves, 7 de Septiembre de 2017

La Construcción del Espacio

Por: Luis E. Lama | “Estas obras tienen una contundencia, una capacidad de expandirse ante nuestra percepción”.

Pool Guillén (1975), foto retrato. El escultor peruano estudió en la PUCP.
Pool Guillén (1975), foto retrato. El escultor peruano estudió en la PUCP.

Pool Guillén (1975) estudió en la Universidad Católica y es el escultor peruano que me resulta de mayor interés en un medio narcotizado por errados conceptos de contemporaneidad.

Su muestra en la galería Enlace merecía un espacio mayor para que estos cuerpos metálicos se expandieran ante nuestra mirada y ocuparan el lugar que virtualmente les correspondía, particularmente la pieza mayor, Volumen I, donde se vuelve más evidente la interrelación entre escultura y arquitectura que caracteriza a esta obra.

Ocurre que las piezas de Guillén son imponentes, en el más amplio sentido de la palabra. Henry Moore, por ejemplo, sostenía que la monumentalidad no consiste simplemente en el tamaño, sino en el poder que la pieza contiene. Basta con fotografiar una escultura pequeña sin una persona al lado que permita calcular su escala, para comprobar si la obra contiene o no esa característica virtual. Sin embargo, hay que señalar que toda la obra de Guillén, aun la más reducida, no solo luce maquetas arquitectónicas, sino que el impacto que ella causa sobre nosotros corresponde a una obra mayor de las dimensiones reales de la integración de los planos que componen sus esculturas.

Sucede que estas obras tienen una contundencia, una capacidad de expandirse ante nuestra percepción, que se debe a la concentración de elementos que las hacen lucir más como enigmáticas construcciones, austeras y ajenas a todo tipo de ornamento, que como una escultura tradicional. Por eso, su trabajo luce tan apegado al espíritu de esa arquitectura utópica de comienzos del siglo XX, desde el futurista Antonio Sant´Elia –sin el cual el cine de ciencia ficción, particularmente de Metropolis a Blade Runner, no podría existir–, hasta los architektons de Kazimir Malevich, quien partió de la espiritualidad suprematista para hacer una geometría tridimensional de ciudades imposibles que imaginaba en el espacio. Stanley Kubrick lo entendió muy bien y aplicó su esencia teosófica en 2001: Odisea del espacio, que aún sigue siendo una de mis películas predilectas del siglo anterior.

Sant´Elia (1888-1916) fue un genio que, debido a la brevedad de su vida, se limitó a hacer planos, cortes, elevaciones e isometrías, y de una extraña manera sentó con su neoclasicismo las bases de la arquitectura fascista. Lo sucedieron grandes arquitectos como Adalberto Libera, que no se limitó a diseñar el Palacio de los Congresos romano ordenado por Mussolini, sino que también hizo la memorable casa del escritor Curzio Malaparte, un vitriólico opositor del Duce, que hizo construir sobre las rocas al este de Capri una habitable pieza escultórica. La casa es la mayor protagonista de Le Mépris, la gran película de Jean-Luc Godard.

Volumen III, Volumen II y Volumen III. Acero corten.
Volumen III, Volumen II y Volumen III. Acero corten.
Sin embargo, es Malevich la mayor presencia en la obra de Guillén. En 1920 comienza sus investigaciones sobre una arquitectura suprematista en diversos dibujos y apuntes, realizando memorables modelos en madera. Los tiempos han hecho que Guillén recurra al acero corten, un material contemporáneo que le permite diversas texturas, pulidos y color, como en el caso de las piezas en negro y de las obras mayores en ese color rojo óxido que tanto recuerda a los escultores minimalistas de los años setenta en adelante.

Variando el grosor de la plancha, valiéndose de dobleces y soldaduras, Guillén crea nuevas geometrías ligadas a una tradición que recorre el siglo XX y que él radicaliza de acuerdo con la tecnología y los tiempos. Y sobre todo, según los nuevos conceptos introducidos en la arquitectura. Ocurre que Guillén realiza múltiples trabajos para espacios interiores y exteriores, muebles y diseños utilitarios en los que hace predominar el acero y una volumetría ineludiblemente propia.

Para esta exposición Alteraciones del horizonte presenta formatos medianos y uno grande en el que los planos invaden el espacio e interrumpen el recorrido en la sala rectangular, imprimiendo un dinamismo a la visita de una muestra que su autor considera como “la constante búsqueda de llevar al límite la tensión visual entre el objeto y su entorno. Es la expansión de la escultura fuera del pedestal y la toma de la escala arquitectónica priorizando el plano, desplazándolo, trazando y seccionando en el espacio, provocando en el espectador una percepción distinta respecto del lugar intervenido”.

Grande.

Volumen I. Acero corten. 234 x 197 x 284 cm (2017).
Volumen I. Acero corten. 234 x 197 x 284 cm (2017).

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