Juntos Cantemos, de Rudolph Castro. Derecha: Recordar y vigilar, del arquitecto y artista Elio Martuccelli. Formato afiche (50 x 70 cm).
Juntos Cantemos, de Rudolph Castro. Derecha: Recordar y vigilar, del arquitecto y artista Elio Martuccelli. Formato afiche (50 x 70 cm).
Edición 2503: Jueves, 31 de Agosto de 2017

Un Zafarrancho Monumental

Por: Luis E. Lama | “Los resultados son primariosos. No hay un solo aporte a lo que ya ha sido dicho con mayor garra”.

Juntos Cantemos, de Rudolph Castro. Derecha: Recordar y vigilar, del arquitecto y artista Elio Martuccelli. Formato afiche (50 x 70 cm).
Juntos Cantemos, de Rudolph Castro. Derecha: Recordar y vigilar, del arquitecto y artista Elio Martuccelli. Formato afiche (50 x 70 cm).

El conflicto sucedido en el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM), del cual es responsable directo Salvador del Solar, es de una torpeza política solo posible de imaginar en el presente gobierno. La inexperiencia de nuestro ministro de Cultura es inexplicable, por tratarse de un actor correcto y de un director que ha tratado estos mismos temas en su única y sobrevalorada película. Habiendo vivido en la libertaria Bogotá, no se entiende cómo este hombre puede haber caído en un embrollo de esta naturaleza.

Yo he sido víctima de varias censuras y me he adherido a los censurados, pero en este caso Guillermo Nugent es culpable de crear un conflicto en el que no ha tenido la hidalguía de enfrentarse al poder. Solo su asesor Pablo Sandoval López –un privilegiado asalariado al que raramente se veía en el LUM– se ha manifestado a través de su cuenta de Facebook con una serie de argumentos insostenibles.

Guillermo Nugent es sociólogo, investigador, sicoanalista y profesor universitario, pero jamás ha tenido experiencia en gestión cultural y, además, ignora lo elemental de la administración y planificación. Sin embargo, tiene relaciones influyentes con Jorge Nieto, el primer ministro de Cultura de este gobierno, quien lo colocó inmerecidamente en dicho puesto.

El resultado ha sido que hasta el momento la institución no tiene lineamiento alguno, y ni siquiera se ha preocupado por renovar la licencia vencida el pasado diciembre. La programación hecha por el personal contemplaba realizar, en primer lugar, la muestra Memorias del caucho, a la que de inmediato sucedería la que abarcaba el tema de la esclavitud. Pero como era posible avizorar su postergación, en lugar de convocar una muestra, digamos internacional, se optó por improvisar y cederle el espacio a la carpeta coordinada por Karen Bernedo para realizar la muestra Resistencia visual 1992.

Bernedo es una antropóloga visual a cargo de un proyecto que considero meritorio, como el Museo Virtual de Arte y Memoria, consistente en un archivo de obras dedicadas al periodo de violencia en el Perú. Pero como Sandoval, Nugent o cualquier otro en el LUM, Bernedo no es curadora.

Sus limitaciones se ponen de manifiesto en la génesis de la carpeta. A raíz de un reciente viaje a Chile, conoció un centro de detención y torturas de la época de Pinochet, que luego se puso a disposición de la sociedad para hacer un espacio de la memoria. Una colección de afiches realizados a propósito de los 40 años del golpe de Estado, hablaba desde el presente sobre los temas pendientes y las luchas de hoy. “Inmediatamente pensé en lo interesante que sería realizar una experiencia similar en Perú, tomando como punto de partida 1992…”.

Grabado de Mónica Miros, socióloga y artista plástica. Derecha: obra de la fotógrafa Pilar Pedraza. Dos de los 36 artistas convocados.
Grabado de Mónica Miros, socióloga y artista plástica. Derecha: obra de la fotógrafa Pilar Pedraza. Dos de los 36 artistas convocados.

Los resultados, por decirlo de algún modo, son primarios y empalidecen si se los compara con la II Bienal Nacional de Lima, cuando Fujimori estaba todavía en el poder y los artistas de todo el Perú presentaron obras virulentas contra la dictadura. Y no pasó nada. A los fujimoristas nunca les preocupó el arte y toda manifestación cultural contra ellos los deja indiferentes, porque su impunidad permanece intocable frente a cualquier sublevación artística.

Por eso, si bien no dudo que Petrozzi, director de la Comisión de Cultura del Congreso –es decir, nada–, haya podido hablar con el ministro, no creo que haya pedido decapitar a Nugent. Las incongruencias de la muestra –por ejemplo, las esterilizaciones y los vladivideos son posteriores a 1992– fueron los detonantes. Por eso estoy convencido de que la mayoría de los que se han indignado con el despido no han ido a ver la exposición. Allí no hay un solo aporte a lo que ya ha sido dicho infinidad de veces con mayor garra y una contundente agresividad que muchas veces ha llegado al panfleto. Lo único realmente subversivo es la realidad, representada por recortes de revistas y periódicos que puso la museógrafa Naná Lavalle sobre tablones ubicados en medio de los corredores.

Dicho esto, es imperdonable que el ministro Del Solar haya cometido la torpeza de pedir la renuncia durante esta exhibición. Su decisión ha hecho que surjan las protestas acusándolo de censor. No creo que lo sea, pero sí estoy convencido de que este zafarrancho evidencia sus graves carencias para el cargo que ocupa.

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