Edición 2497: Jueves, 20 de Julio de 2017

Fiestas Patrias

Escribe: Luis E. Lama | “Después de más de 40 años Forum recupera la vitalidad perdida”.

Pe camino al bicentenario I /Tarea: mi Perú es la primera muestra de una serie de cinco planificada por la Galería Forum para proponer una reflexión entre nuestros artistas e intelectuales, como Max Hernández Camarero, sobre nuestro bicentenario.

 

La presente edición ha sido concebida como una especie de tarea escolar en la que se le entregó a casi 120 artistas una cartulina formato A3 para que desarrollaran en ella sus conceptos sobre el país que heredarán las generaciones siguientes y lo que nos queda pendiente por hacer. Una tarea imposible de abarcar en una sola edición.

Ante una exigencia de esta naturaleza, se presentaban dos alternativas. La primera de ellas era una convocatoria abierta a distintas generaciones, a diversas disciplinas, para que desplegaran sus conceptos sobre el soporte entregado. En este primer caso se prescindiría de curadurías para dar libertad a cada participante de plantear sus ideas sobre el Perú. La segunda alternativa era convocar a un curador para hacer un estudio riguroso de nuestra realidad y para avizorar el futuro a través de un reducido número de artistas cuyas obras y pensamiento girasen en torno a ella.

Ambas alternativas son particularmente difíciles y traen consigo riesgos y beneficios. Para esta versión inaugural se optó por la primera. Artistas conocidos y desconocidos, profesionales multidisciplinarios se unen en una apuesta solidaria que ha tenido, como era previsible, resultados irregulares.

Hay obras destacadas e ingeniosas, como las de Rhony Alhalel, Ivana Ferrer, Elías Alayza, Roy Keitel, Martha Vértiz, Ana Orejuela y tantos otros, que ameritan resaltarse. Ciertamente hay participaciones prescindibles. Pero considero que esta presencia pudiera ser positiva siempre que se tome la muestra como una suerte de encuesta de lo que son capaces de hacer nuestros artistas ante un reto como el propuesto. Puede ser que la reiteración de héroes, mapas y banderas delate la carencia de una meditación más profunda, pero se trata de un primer intento en un medio donde la abulia galerística –tanto pública como privada– ha dejado de hacer estos esfuerzos que en cierto modo se apartan de los parámetros autoimpuestos por un mercado convulso en plena recesión. Demasiado trabajo para tan poca recompensa.

Perú camino al Bicentenario. Roy Keitel.
Perú camino al Bicentenario. Roy Keitel.

Después de más de 40 años, Forum recupera la vitalidad perdida buscando un perfil acorde con los tiempos. La tarea no es nada fácil. Sin embargo, los esfuerzos realizados hasta ahora permiten ser optimistas sobre su futuro. En realidad, esta muestra, sin la pretensión de sus objetivos, es una gran fiesta patria.

SÓLIDO NORTE

Jean Paul Zelada (Trujillo, 1972) es un dotado pintor norteño con respetable acogida en Lima. Él parte de fotografías que se encarga de manipular digitalmente para el logro final de su imagen. No es ni hiperrealista ni fotorrealista, pues su obra se debate en una ambigüedad en la que predomina el oficio de una buena pintura en pleno proceso de búsqueda de su lenguaje definitivo. Como ocurre con Ricardo Córdova, un maestro arequipeño, Zelada es el resultado de un ambiente cada vez menos endogámico, pero en el que está ausente un mercado vigoroso que impida depender de Lima.

Total indiferencia, su actual exposición en La Galería, contiene hallazgos que pudieran definir nuevas vertientes en las cuales prescinde del anecdotario turístico, como ocurre con la escalera mecánica, que más allá de citar a la fotografía de la novia cuzqueña hecha por Chambi, hubiera resultado un cuadro memorable sin el estorbo de la figura que lo adorna.

Jean Paul Zelada, pintor norteño. S/T, óleo sobre lienzo. 140 x 170 cm. Derecha: Bicentenario. Elías Alayza.
Jean Paul Zelada, pintor norteño. S/T, óleo sobre lienzo. 140 x 170 cm. Derecha: Bicentenario. Elías Alayza.

El cosmopolitismo y la arquitectura urbana caracterizan la última producción de Zelada, quien tiene aciertos meritorios, como el cuadro de la emblemática casa-barco en el Rímac.

El mayor aporte de la muestra es el díptico de gran formato en el que privilegia el paisaje y la arquitectura, y donde es capaz de integrar –como David Salle lo haría en su momento– varias imágenes disímiles sobre un mismo soporte, apretando de esta manera el gatillo de la imaginación. Se trata de una inteligente geometría, fuera de concesiones, que puede marcar el futuro camino de un sólido pintor. El rigor de esa radicalización es lo que se impone.

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