Ensamblaje, de Jorge Cabieses. Su inclusión –junto a la de Iliana Scheggia y Valentino Sibadón– es un acierto de la exposición del MAC.
Ensamblaje, de Jorge Cabieses. Su inclusión –junto a la de Iliana Scheggia y Valentino Sibadón– es un acierto de la exposición del MAC.
Edición 2491: Viernes, 9 de Junio de 2017

El Canto Del Cisne

Escribe: Luis E. Lama | “Y en eso se ha convertido lo más banal del arte geométrico: en un objeto decorativo”.

Ensamblaje, de Jorge Cabieses. Su inclusión –junto a la de Iliana Scheggia y Valentino Sibadón– es un acierto de la exposición del MAC.
Ensamblaje, de Jorge Cabieses. Su inclusión –junto a la de Iliana Scheggia y Valentino Sibadón– es un acierto de la exposición del MAC.

La exposición curada por Juan Peralta e Igor Bernaola en el MAC resulta más que oportuna, pues hace una suerte de balance del arte geométrico desde Ricardo Grau y su pintura planimétrica hasta los representantes contemporáneos que parecen abordarlo más por convención que por convicción.
Esta muestra acompaña en la sala mayor a la de Shay Frisch, y las comparaciones resultan ineludibles entre pasado y presente, entre tecnología y artesanía, entre concepto y derivación.

Los curadores han hecho una investigación a partir de la colección del IAC ya exhibida con anterioridad, de manera más ajustada, por la coherencia que le da los tiempos en que estas piezas se acumularon.

Al añadir nuevas obras para brindar un panorama más amplio de la geometría, han optado por un criterio poco ortodoxo. Unieron hard-edge (“filo duro”), arte óptico y cinético, como una línea de tiempo en la que una vertiente nos lleva a otra y así sucesivamente hasta llegar a ese precipicio que es la moda. Dalí lo definiría con más precisión: “Moda es todo aquello que pasa de moda”. Gracias a Élida Román por recordármelo. Todas estas corrientes las hemos vivido desde la década de 1950 para que 60 años después vuelvan como un tsunami a saturarnos de nuevo con su reiteración y alteración.

Intervención a caricatura de Pablo Helguera. Pabellón peruano en Bienal de Venecia.
Intervención a caricatura de Pablo Helguera. Pabellón peruano en Bienal de Venecia.

Tenemos notables representantes geométricos apartados de toda especulación comercial. Pero el vuelco de los últimos años, con la uniformidad de propuestas, el plagio del pasado, la ornamentación minimalista tan en boga entre nuestras decoradoras más mediocres, ha hecho que jóvenes dotados opten por el camino más fácil para la supervivencia. Architectural Digest es su catálogo para producir. Y en eso se ha convertido lo más banal del arte geométrico: en un objeto decorativo más propio de una tienda que de una galería o museo.

Salvo alguna excepción, los curadores del MAC han evitado escrupulosamente a estos últimos. En cambio, han añadido a grandes olvidados, como Rubella Dávila una (injustificada) figura menor del Arte Nuevo y que gracias a PARC pudimos ver en la galería Henrique Faría (NY/BAires). También se incluyen algunas de las pocas obras rescatables que Graphic Art mostrara en el CC del Olivar.

A pesar de haber omitido nombres claves –Mariella Agois et al.–, la búsqueda ha sido exhaustiva y los resultados son eclécticos. La inclusión de Jorge Cabieses e Iliana Scheggia es un acierto, así como descubrir el positivo rumbo de Valentino Sibadón, un joven del que esperaba más que la superficialidad exhibida en Lucía de la Puente.

¿Hubiera podido ser mejor la muestra? Siempre es posible. Peralta-Bernaola son destacados curadores que saben bien lo que quieren. Lo que han exhibido es una suerte de diagnóstico indispensable porque es posible observar desde nuestro punto más alto hasta la decadencia actual. En efecto, El principio del vacío resultó ser un título profético.

Azules, de Rubella Dávila. Una de las grandes artistas otrora olvidadas. “Una (injustificada) figura menor del Arte Nuevo”. Su obra forma parte de la expo El principio del vacío.
Azules, de Rubella Dávila. Una de las grandes artistas otrora olvidadas. “Una (injustificada) figura menor del Arte Nuevo”. Su obra forma parte de la expo El principio del vacío.

Pablo Helguera
En momentos en los que hay una absoluta oscuridad sobre los vergonzantes resultados de la participación peruana en la Bienal de Venecia, cuando el Patronato responsable mantiene un silencio culposo, es necesario recordar a Pablo Helguera (México DF, 1971), un vitriólico artista conceptual, performer, director de la Academia para Adultos del MOMA en Nueva York y un irreverente teórico. Sus textos son de lectura indispensable y sus caricaturas, reunidas en tres tomos de Artoons, merecen ser divulgadas porque tratan problemas que nos atañen: la angurria por la figuración, los curadores infatuados, los artistas marginados y los acumuladores de arte –que se hacen llamar coleccionistas (Élida Román dixit)–, que están terminando por dirigir el rumbo artístico del Perú. El poder acaparado por Armando Andrade desde el MALI, por ejemplo, así permite aseverarlo.

Para finalizar, tres precisiones que está obligado a hacer el Patronato de Venecia: ¿por qué en lugar de curadores no invita a los artistas para que hagan una propuesta? De ellos trata la Bienal; ¿no sería mejor que este trabajo, culminado en desatino, fuera directamente coordinado con el Ministerio de Cultura, como se hace en el resto del mundo que cuenta con una autoridad similar?; ¿por qué no asume su responsabilidad y da las explicaciones del caso? A pesar de mis esfuerzos por entrevistar a sus miembros a través de José Orrego, no he recibido respuesta alguna. 

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