Versión colectiva final de la pieza icónica de JJS:  Perú, país del mañana (proyecto para hacer un mural cuando tenga el dinero, mañana).
Versión colectiva final de la pieza icónica de JJS: Perú, país del mañana (proyecto para hacer un mural cuando tenga el dinero, mañana).
Edición 2488: Jueves, 18 de Mayo de 2017

¿Para Qué Sirve el Ministerio de Cultura?

Por: Luis E. Lama | “El pabellón nacional fue transformado en un salón de IKEA, en una floritura decorativa de Efraín Salas”.

Versión colectiva final de la pieza icónica de JJS:  Perú, país del mañana (proyecto para hacer un mural cuando tenga el dinero, mañana).
Versión colectiva final de la pieza icónica de JJS: Perú, país del mañana (proyecto para hacer un mural cuando tenga el dinero, mañana).

Lo ocurrido con la obra de Juan Javier Salazar (JJS) en Venecia es un desatino. Desde el proceso de selección hasta el resultado final, El Comercio, AMIL, la Fundación Wiese y el Mincetur no han trabajado con la suficiente seriedad para despejar las dudas sobre lo que están tramando.

Se invita a varios curadores –no se sabe a cuáles ni a cuántos– para que presenten un proyecto con un poco más de un mes de anticipación. Estas propuestas son sometidas a un jurado incógnito y lo más probable es que la seleccionada fuera alguna que ya estaba preparada con anticipación debido al poco tiempo disponible para armar un planteamiento distinto.

El ganador de este año fue un proyecto en torno a JJS armado por Rodrigo Quijano, a quien considero uno de nuestros mejores curadores. Sin embargo, la participación de JJS tan próxima a su fallecimiento era prematura. Siendo su trabajo esencialmente local, faltaba el tiempo necesario para asimilar en el exterior la subversión que su obra contiene. La revulsión estética que lo caracterizó estaba muy lejos de un “fashionable” circuito, tan preocupado por la estandarización de los lenguajes y la globalización cultural. De haber estado JJS presente –porque debió invitársele en vida–, la disidencia se hubiera impuesto, la revulsión ejercería su predominio y el Pabellón no terminaría convertido en una boutique que luce como una alegoría de las florituras decorativas de Efraín Salas.

Una de las “vitriólicas cerámicas de JJS colocadas como floreros de murano”.
Una de las “vitriólicas cerámicas de JJS colocadas como floreros de murano”.
El vergonzoso resultado, que supongo pretendía dar una pátina internacional a nuestra representación, es simplemente incompatible con las intenciones del (anti) artista. Quizás el propósito era hacer más cosmopolita y potable nuestra presencia y terminaron por ultrajar la memoria de uno de nuestros mayores rebeldes. Con este objetivo eliminaron las dos terceras partes de la selección de Quijano con el pretexto de carecer de dinero. Pero ocurre que los recursos faltantes se invirtieron en imprimir miles de metros de tela con piedras que fueron hechas por JJS con un criterio anticolonialista y que los encargados usaron para la ornamentación. El resultado fue la renuncia del curador.

Los videos, selfies y toda la parafernalia que circula por instagram son indignantes. Y no podemos evitar preguntarnos qué hace allí Augusto del Valle en medio de una inauguración a la que no debió asistir, y –siento decirlo– más incomprensible aún me resulta la presencia de Max Hernández Calvo, teórico de mi mayor aprecio, que a pesar de ser el coordinador contratado por los patrocinadores, jamás debió avalar con su asistencia el atropello cometido.

La obra de JJS fue utilizada para un evento “social”, que es la antítesis de lo que el artista entendía por sociedad. El pabellón nacional fue transformado en algo similar a un puesto de Promperú, o para hacerlo más digerible, a un salón de IKEA. Ver las vitriólicas cerámicas de JJS colocadas armoniosamente como floreros de murano en una primorosa estantería de vidrio es de una vulgaridad que sobrepasa la huachafería.

Performance con objeto, de JJS.
Performance con objeto, de JJS.

Lo que han hecho es manipular el acervo de JJS para hacer una instalación personal, independiente de las intenciones del verdadero autor. Por grande que sea su poder político y económico, la participación peruana en Venecia no debe de permanecer en manos del esnobismo de Andrade y de la gente que lo auspicia. Esta es una tarea que tiene la obligación de asumir el Ministerio de Cultura y no delegarla a intereses subalternos. Lo que auspician El Comercio y la Fundación Wiese está directamente relacionado con la deducción de impuestos que debe ser administrada por el Estado peruano.

Anteriormente, la responsabilidad del envío a Venecia estaba a cargo de la Cancillería peruana, hasta que los nuevos patrocinadores se apropiaron de una actividad que le corresponde a un ministerio que no debe postergar más su responsabilidad. Salvador del Solar está en la obligación de despertar.

Considero admirable la actitud de Rodrigo Quijano, que debería ser imitada por los demás curadores involucrados. A estas alturas no estamos para papelones ni para manipulaciones. Una vergüenza que de ningún modo debe repetirse.

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