“Esta obra contradictoriamente gozosa y austera”, dice Lama sobre la muestra.
“Esta obra contradictoriamente gozosa y austera”, dice Lama sobre la muestra.
Edición 2484: Jueves, 20 de Abril de 2017

Relumbrón Valenciano

Por: Luis E. Lama | “Es fascinante ver cómo sus construcciones rompen la brecha entre arte y arquitectura”.

“Esta obra contradictoriamente gozosa y austera”, dice Lama sobre la muestra.
“Esta obra contradictoriamente gozosa y austera”, dice Lama sobre la muestra.

Son tan pocas las posibilidades de ver en el Perú buenos artistas internacionales de la nueva generación que cuando uno se encuentra con un artista como Robert Ferrer i Martorell en Impakto no puede evitar sentir un relumbrón, como el inolvidable sol valenciano al mediodía.  

Ferrer tiene 38 años, estudió en Valencia y vive en Mallorca. A su edad ha exhibido en varios países de Europa, particularmente en centros  de Francia y España. Anteriormente ha expuesto en el Perú en alguna de nuestras ferias, llevadas a niveles prostibularios por la distorsión de la información de un diario como El Comercio. En ellas los comerciantes intentan vender el alma, y algo más, con tal de recuperar inversiones y poder subsistir el resto del año. El mercado, después de todo, debe sobrevivir.
En un medio como el nuestro que ha adoptado a la pintura plana como la moda más superficial de estos tiempos, el encuentro con Ferrer i Martorell viene a reafirmarnos la importancia de la geometría en toda la historia del siglo XX hasta la actualidad.

Retrato del artista Robert Ferrer i Martorell (38). Estudió en Valencia y vive en Mallorca, España.
Retrato del artista Robert Ferrer i Martorell (38). Estudió en Valencia y vive en Mallorca, España.

Es fascinante ver cómo sus construcciones rompen la brecha entre arte y arquitectura debido a un proceso constructivo que, como ocurriera con el minimalismo de los años 60, lo aleja de lo artesanal para darle un acabado prácticamente industrial, hecho que puede apreciarse en sus grandes formatos donde las planchas metálicas no delatan señales de la intervención humana. Todo en ellos resulta tan perfecto, tan alejado de improvisaciones que se convierten en construcciones enigmáticas, integradas por horizontales y verticales, planos doblados y piezas rectilíneas que forman un ritmo en su interior. Sobre estas piezas y en el mismo techo de la sala, el artista cuelga –como en algunas piezas de Soto– barras de distintos ritmos e inclinaciones que se mueven con sutileza creando cortes con los fondos que propician una vibración entre verticales y diagonales en una nueva forma de cinetismo en el que predomina la sutileza.

Cuando creía que la geometría había saturado nuestras formas de ver –siempre ocurre con la moda– llega este hombre universal, con un refinamiento al que suma una erudición histórica. Basta ver por ejemplo las grandes planchas blancas perladas sobre las paredes opacas blancas para comprender que nos encontramos frente a un artista que se aleja del impacto y que demanda de cada espectador un detenimiento y un análisis frente a un bloque armónico cuyos ritmos se aprecian mejor en las piezas de formato menor. En ellas las franjas verticales son interrumpidas por diagonales suspendidas por invisibles  hilos de nylon en un proceso constructivo donde no aparenta haber nada al azar. Pero lo hay. Particularmente en los pequeñísimo fragmentos de papel picado que han sido detenidos en el espacio y que recuerdan, a pesar de sus diferencias, a un notable artista español poco conocido entre nosotros, el también valenciano Manuel Hernández Mompó (1927-1992) quien hizo una de las abstracciones más gozosas a partir de los años 60. De Mompó se pudiera saltar a Miró, pero es Eusebio Sempere, el visionario español que dominó con maestría todo el arte óptico y cinético, quien es recordado en las cajas de acrílico de RFIM cuya superficie frontal se interrumpe con ligeras volumetrías hechas con soplete a calor con el fin de crear el movimiento a medida que nos desplazamos a lo largo de cada una de estas piezas.

“Esta muestra puede tener un impacto espiritual en su encuentro con la belleza” (Luis Lama).
“Esta muestra puede tener un impacto espiritual en su encuentro con la belleza” (Luis Lama).

El efecto cinético creado es indispensable. No solo interrumpe la regularidad de las líneas paralelas sino que también rompe con el esteticismo que una obra de esta naturaleza, particularmente las piezas blancas, corren el riesgo de bordear para un visitante no iniciado.

Ocurre que esta muestra puede tener un impacto espiritual en su encuentro con la belleza, pero se pudiera disfrutar con mayor inteligencia si el espectador pudiera conocer que ella es una reinvención de los aportes del siglo XX. Que en este trabajo hay muchos países y autores que se amalgaman y son recordados a su manera, incluyendo ciertamente a dos grandes brasileños como Helio Oiticica y Ligya Clark. Pero no se tratan de citas ni apropiaciones. Sólo alusiones en cada uno de nosotros. Y son precisamente ellas, junto a los demás elementos mencionados, los que permiten que esta obra, contradictoriamente gozosa y austera, logre una inusitada dimensión.

Loading...