Alan Poma (1979) ha profundizado en las vanguardias de inicio del siglo anterior: el vorticismo, el futurismo ruso y el cubismo.
Alan Poma (1979) ha profundizado en las vanguardias de inicio del siglo anterior: el vorticismo, el futurismo ruso y el cubismo.
Edición 2480: Jueves, 23 de Marzo de 2017

Un Hombre Sin Tiempo

Por: Luis E. Lama | “Una de las propuestas más ricas y complejas que se hayan dado en nuestro medio en lo que va del siglo”.

Alan Poma (1979) ha profundizado en las vanguardias de inicio del siglo anterior: el vorticismo, el futurismo ruso y el cubismo.
Alan Poma (1979) ha profundizado en las vanguardias de inicio del siglo anterior: el vorticismo, el futurismo ruso y el cubismo.

Alan Poma (1979) es un hombre al que se puede considerar artista por su espiritualidad, por su permanente esfuerzo creativo y por su temprana sabiduría. Conversar con él es penetrar en una dimensión donde se intercambian anecdotarios históricos solo accesibles para minorías. Por eso resulta sorprendente lo que ha profundizado en las vanguardias de comienzos del siglo anterior en los campos del vorticismo, del futurismo ruso, del cubismo y de la teosofía misma –que él no menciona– pero que fue fundamental en artistas como Malevich, Kandinsky y Mondrian.

No me encontraba en Lima cuando presentó “La Victoria sobre el Sol”, la cual partió de la ópera futurista de 1913 con música de Mijail Matiushin y escenografía y vestuario de Malevich. Los futuristas rusos, esencialmente iconoclastas –no solo terminaron por expulsar al Papa Marinetti, también sostuvieron que Pushkin, Tolstói y Dostoyevski debían ser “arrojados por la borda del barco de la Modernidad”. La experiencia fue relativamente breve pero Mayakovski quedó para la eternidad.

Partir de tiempos tan complejos para hacer una obra en el Perú contemporáneo es un esfuerzo titánico que excede cualquier tipo de referencias posmodernas. Es encontrar paralelos universales, crear un futurismo andino que luce como un alucinógeno, estudiar nuestra cosmogonía y sobre todo compenetrarse en la noción de Tiempo Circular, común a toda la obra de Borges a partir de su Historia de la Eternidad.

Y si la versión contemporánea de Victoria sobre el Sol es un logro considerable se debe a que Poma ha hecho un notable trabajo grupal reuniendo a músicos de Lima y Cusco, videastas, coreógrafos, performers que le han dado forma de manera colectiva a una de las obras más complejas  que se hayan hecho el presente siglo en el Perú.

Enemigo de las estrellas, instalación que se exhibe en el MATE. “Poma logra el objetivo de comunicar la idea de una cosmogonía andina”.
Enemigo de las estrellas, instalación que se exhibe en el MATE. “Poma logra el objetivo de comunicar la idea de una cosmogonía andina”.

Enemigo de las estrellas, que ahora exhibe el MATE, se circunscribe a la instalación que resulta igualmente compleja a pesar de la ausencia de  los cuerpos. Es una experiencia más austera  en la cual el espectador es el personaje de un mundo donde el pasado se vuelve futuro y el presente solo está constituido por nuestros cuerpos. El alargado espacio del patio –¿por qué cometen la huachafería de llamarse Museo si solo son simples salitas?– ha sido divido con sabiduría para otorgar las dimensiones precisas para dar un equilibrio entre el vacío, la proyección  y los monitores, las luces leds en los pisos y, particularmente, para que la música no reverbere  más allá de las paredes que la limitan.

Sin leer el valioso texto de la entrevista de Florencia Portocarrero que el “museo” no se ha tomado la molestia de imprimir –a pesar de que se paga por ingresar– Poma logra el objetivo de comunicar la idea de una cosmogonía andina, en primer lugar, a través del impacto del video. Mientras la gran proyección nos remonta  por un mundo andino vertical producto del recorrido del dron por la laguna de Urcos y alrededores. Es un vuelo a ojo de pájaro que va contrastando con el registro solar o temporal que muestran los monitores y la pequeña proyección en la pared del frente que demandaba del MATE otro monitor de tamaño superior que equilibre la luminosidad de las paredes paralelas. Allí urgen de un profesional capacitado.

Y a pesar de lo anotado, la propuesta es tan potente que este vuelo al futuro, que mezcla imágenes eternas del Cusco con otras altamente científicas, lejos de resultar chirriantes se integran a la perfección y hacen que un público carente de información se compenetre en una experiencia espiritual irrepetible.

Finalmente el silencio visual. Cuando proyectores y monitores están detenidos es la música la que se encarga de llenar el espacio y de cobrar protagonismo durante los 23 minutos que dura la puesta en escena. Esto es logrado gracias al punto de partida del texto de Wyndham Lewis, de 1914, y a la muy valiosa colaboración del escritor vanguardista puneño Gamaliel Churata, a Aldo Cáceda, la cámara de Renzo Belón, la programación de la luz de Santiago Guerra y los diseños de Sandra Serrano. Un conjunto multidisciplinario de primer nivel.

Finalmente, es una abusiva improvisación del MATE no haber puesto una larga banca para que el público –particularmente el discapacitado– pueda aprehender desde un nivel medio una de las propuestas más ricas y complejas que se hayan dado en nuestro medio en lo que va del siglo.
Merecía otro espacio más serio.

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