Edición 2474: Jueves, 9 de Febrero de 2017

Sobre la Materia y el Espiritu

Por: Luis E. Lama |“Desde sus inicios Klutier se había aproximado a las vanguardias rusas”.

El cuerpo en la pintura de Gam Klutier resulta siempre distorsionado por esa convicción de desmaterialización que nos lleva al predominio del espíritu. Su trabajo literalmente disuelve toda contundencia de humanidad para convertirla en huella de nuestra existencia. No es una obra apegada a la narración, más bien en ella las pinceladas y el color tienen una fuerte carga de simbolismo que demanda una percepción próxima a la iniciación.  

Es su dominio pictórico lo que hace de Gam Klutier un artista respetable y esa lucha con el lienzo, así como la representación interior, lo que admiramos de él. Cada cuadro luce resultado de un apasionado combate entre el material de la pintura y el espíritu de un artista liberado de ataduras para privilegiar una subjetividad cada vez más hegemónica.

Los orígenes de esta muestra podemos encontrarlos en diversas fuentes históricas y culturales, como ocurre con el arte africano y Picasso. Pero es el automatismo psíquico de los surrealistas uno de sus puntos de partida de la misma forma que fue para los expresionistas abstractos de la Escuela de Nueva York. Ellos pintaron como si se tratara de un combate entre su cuerpo y el lienzo, trabajando formatos heroicos, haciendo de cada obra el resultado de una performance, el registro de la huella del paso del artista sobre la tela. Jackson Pollock fue el ejemplo más mediático, pero De Kooning fue el mejor pintor de una tendencia, que para desligarse de precedentes europeos terminó por llamarse “Action Painting”.

Cuando se analizan los fondos de las superficies de Klutier también se puede observar el predominio del gesto, la multiplicidad de capas aplicadas, las cuales en muchos casos se enriquecen por las texturas impresas digitalmente sobre Tela Banner, un material inédito en nuestra pintura. Sobre esta base el artista desarrolla una caligrafía de líneas que se desplazan a lo largo del lienzo, otras en cambio están orientadas a la configuración de los cuerpos humanos o animales que lucen resultantes del conocimiento de los efectos de la distorsión. De allí que muchos cuadros luzcan indesligables a Dubuffet.

“El artista desarrolla una caligrafía de líneas que se desplazan a lo largo del lienzo”, explica Lama sobre Gam Klutier.
“El artista desarrolla una caligrafía de líneas que se desplazan a lo largo del lienzo”, explica Lama sobre Gam Klutier.

Esta influencia de uno de los mayores miembros del Arte Bruto puede apreciarse particularmente en la gran escultura de acero pulido colocada tan acertadamente sobre el espejo de agua del MAC, desplazando la aburridísima elipse de una improvisada escultora que había ocupado ese espacio por las relaciones que todo árbol genealógico genera en Lima.

La complejidad de esta exposición luce resultante del mismo componente teosófico que guiara a grandes artistas del siglo XX y que fuera el mismo que diera origen al Arte Abstracto con Kandinsky. Fueron las mismas convicciones, que le permitieron a Mondrian, Itten y Malevich alcanzar ese grado de sabiduría que les permitiera llegar a lo absoluto.

Desde sus inicios Klutier se había aproximado a las vanguardias rusas y en sus móviles se podía apreciar su relación con miembros de la gran utopía de cien años atrás, pero ese constructivismo de los ochenta derivó al predominio del espíritu, a una pintura que paulatinamente se ha ido transmutando en la suma de las experiencias de todo hombre que hurga en su interior en para representarlo.

Este hecho se puede apreciar particularmente en la complejidad del monumental mural “Maya de las multitudes” cuyas proporciones de 36 metros de largo x 3.60 de alto lucen cabalísticas. Esa pieza hace indispensable visitar la exposición, porque de un modo uterino nos sentimos envueltos por ella y hace ineludible la meditación.

Lamentablemente el exceso de obras entorpece la correcta percepción y recorta la libertad del espectador en su recorrido. Hay una suerte de “horror vacui” que lleva al autor a colocar el doble de piezas que debería de haber exhibido para lograr el efecto que hubiéramos deseado. Dicho lo dicho, es indispensable rescatar la magnífica labor de Juan Peralta, jefe de Exposiciones del MAC. Una mayor injerencia suya para controlar el  exceso hubiera sido indispensable para alcanzar aciertos similares a los de la muestra de Ramiro Llona.