Arte público. Escultura de Pool Guillén en la calle Diez Canseco. Fue la mejor obra instalada en el 2016.
Arte público. Escultura de Pool Guillén en la calle Diez Canseco. Fue la mejor obra instalada en el 2016.
Edición 2471: Jueves, 19 de Enero de 2017

Una Gran Colección

Escribe: Luis E. Lama | “La pieza de Lettersten atenta contra la coherencia del conjunto y no trasciende al objeto decorativo”.

Arte público. Escultura de Pool Guillén en la calle Diez Canseco. Fue la mejor obra instalada en el 2016.
Arte público. Escultura de Pool Guillén en la calle Diez Canseco. Fue la mejor obra instalada en el 2016.

La Colección Barreda –en su aspecto pictórico– es espléndida porque reúne a grandes artistas que a partir de los años 60 y 70 fueron claves para las artes plásticas del país. La colección reúne aquellos cuadros claves que brillaron en cada exposición que hemos visto en galerías, particularmente en 9 y en Camino Brent –ya desaparecidas– pero que hicieron una divulgación formidable en nuestro país. A ellas sucedieron Forum, Enlace y otras tantas que hicieron que el mercado de arte peruano en ese entonces fuera altamente estimulante.

Conozco la Colección Barreda a través de un espléndido libro editado por su propietario, por eso es acertada la decisión curatorial de restringirse a artistas emblemáticos que permiten apreciar varias obras de cada uno de ellos y entablar un contrapunto entre las tendencias que predominaron desde los años 70.

Pocas veces se tendrá oportunidad de ver tantas buenas pinturas de cada uno de los  grandes artistas seleccionados.  El criterio se rompe por la inclusión de una sola obra de algunos pintores que hubiera sido conveniente omitir para permitir un espacio exclusivo para la magnífica colección de las esculturas de Marina Núñez del Prado.

 Homenaje a Cranach (1992) de Carlos Revilla. Parte de la Colección Barreda.
Homenaje a Cranach (1992) de Carlos Revilla. Parte de la Colección Barreda.
Las esculturas constituyen lo más débil de la muestra. No existe en el conjunto la misma sabiduría que muestra la colección de pinturas. Hay piezas cuya exhibición resulta indispensable, como las de Szyszlo, Gerardo Chávez y Margarita Checa. Pero Rocío Rodrigo y Alina Canziani –al igual que Tokeshi– son de una generación posterior y merecen estar en una prolongación de la muestra actual. En la selección solo estorba la inexplicable participación de Abel Bentin, cuyos bronces hacen que una propuesta lúdica que demandaba color se convierta en kitsch.

Comprendemos las dificultades curatoriales de una muestra de esta envergadura, pero hay piezas como la de Lettersten que atentan contra la coherencia del conjunto y que no trascienden al objeto decorativo. El problema además radica en que a pesar de algunas buenas esculturas, su inclusión atenta contra la pulcritud del montaje –ver aprisionado cuadro de Julia Navarrete– y estorba la correcta apreciación de la pintura.

Estas objeciones –que hubieran podido subsanarse en un espacio mayor o con un museógrafo capaz de retirar algunas obras  para privilegiar la percepción de lo exhibido– son fácilmente superables para una próxima versión, que debiera presentarse a la mayor brevedad por el bien de la educación visual en nuestro país.

Esta gran colección así lo amerita.

ARTE PÚBLICO
El año que pasó fue de pobreza extrema en el campo del arte público, agravada por desatinos como los de Cristina Planas en Barranco. Curiosamente los testículos rojos de fibra de vidrio que disparan un corazón al Parque del Amor resultan divertidos. En otro lugar este “camp” de Marcelo Wong hubiera sido insufrible.

La mejor obra instalada el año anterior fue la escultura de Pool Guillén, a quien considero el escultor joven de mayor interés. Desde sus inicios él ha interrelacionado arte y arquitectura, a tal grado que muchas de sus piezas lucen maquetas de acero Corten, sobre las que trabaja una aceleración de óxido y aplica un acabado epóxico dando como resultado apariencias arquitectónicas ancestrales.
Guillén no es prolífico en sus exposiciones. Su muestra del 2013 es memorable y sus participaciones en eventos como “ACERO” en el MAC y “Comparart” en el ex Museo de la Nación concentraban el mayor interés. Son piezas de aspecto monumental que resultan ideales para el espacio urbano.

 Wishful Thinking II (1993) de Ramiro Llona, óleo sobre tela (241 x 366 cm.)
Wishful Thinking II (1993) de Ramiro Llona, óleo sobre tela (241 x 366 cm.)

Fue un acierto del alcalde Muñoz haber gestionado la ubicación de una escultura de Guillén al final de la calle Diez Canseco, complementando la remodelación del Parque Kennedy, a raíz de la construcción del estacionamiento subterráneo.

Esta es otra obra notable en un distrito caracterizado por buenas esculturas como la de Sonia Prager –que es posible relacionar con la de Guillén–, Szyszlo y muchas más. Todas esas piezas demandan con urgencia una correcta iluminación para realzar esas zonas con el arte. De lo contrario el esfuerzo será desperdiciado.

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