Theo Jansen en la playa. Sin título. “Es inevitable  encontrar en Jansen citas a Leonardo Da Vinci, particularmente a su máquina de volar, el tornillo aéreo y otros inventos”, dice Lama.
Theo Jansen en la playa. Sin título. “Es inevitable encontrar en Jansen citas a Leonardo Da Vinci, particularmente a su máquina de volar, el tornillo aéreo y otros inventos”, dice Lama.
Edición 2468: Jueves, 22 de Diciembre de 2016

El Visitante

Theo Jansen en la playa. Sin título. “Es inevitable  encontrar en Jansen citas a Leonardo Da Vinci, particularmente a su máquina de volar, el tornillo aéreo y otros inventos”, dice Lama.
Theo Jansen en la playa. Sin título. “Es inevitable encontrar en Jansen citas a Leonardo Da Vinci, particularmente a su máquina de volar, el tornillo aéreo y otros inventos”, dice Lama.

Theo Jansen es un artista de culto cuya visita a Lima, invitado por la Fundación Telefónica, es un acontecimiento. Esta muestra, que resultaba impensable traer a Lima por los costos involucrados, la había visto hace un año en Madrid en medio de una multitud atraída por las intrincadas esculturas de este notable holandés que se ha encargado de revitalizar los conceptos del Arte Cinético.

Es inevitable encontrar en Jansen (1948) citas a Leonardo Da Vinci, particularmente a su máquina de volar, el tornillo aéreo y otros tantos inventos que lucieron utópicos en el Cinquecento italiano pero que fueron manifestaciones de un genio del Renacimiento.

Basta ver los dibujos originales de estas piezas y compararlas con las obras que hoy se exhiben en Lima para que la asociación mental se produzca más allá de las diferencias que establecen los tiempos, el conocimiento, y la utopía que el transcurrir de los siglos haría realidad.

Más que un científico, Jansen a pesar de haber estudiado Física en Delft, tiene una propuesta eminentemente artesanal por la participación manual que cada pieza le demanda y a las que denomina Strandbeest (bestias de playa). Lo hipnótico de cada uno de estos animales hechos con tubos de plástico es el movimiento, que prescinde de todo tipo de motor a gas o electricidad, para ser impulsados por la fuerza del hombre o del viento, según sea el caso.
 

“La aparente precariedad, tan alejada de la ciencia ficción, es lo que humaniza a esta obra”, explica el crítico. Fotografía de Víctor Idrogo.
“La aparente precariedad, tan alejada de la ciencia ficción, es lo que humaniza a esta obra”, explica el crítico. Fotografía de Víctor Idrogo.

Si bien Jansen logró una inmediata aceptación internacional cuando mostró masivamente su obra en un comercial televisivo en 2007, ya venía trabajando en su bestiario desde los años 90 con resultados inicialmente primarios que luego iría depurando hasta llegar a la complejidad actual en la que se aprecia un laberíntico entretejido lineal.  

La aparente precariedad, tan alejada de la ciencia ficción, es lo que humaniza a esta obra, que aún en estado de reposo, al interior de la sala, constituye un enigma para meditar en torno al arte y la naturaleza. El montaje modélico de esta muestra permite crear la sensación de estar en un mundo paralelo donde cada criatura tiene un espacio que genera una serie de asociaciones de “animario”, un neologismo creado por Jansen para definir sus animales de mar.

El tiempo y el espacio disponible al interior de la sala resulta demasiado limitado para poder apreciar la complejidad de la propuesta de Jansen, el carácter imponente y a la vez lúdico de sus esculturas en reposo. Es preferible ver los videos de estas piezas desplazándose por las ventosas playas holandesas en Youtube, que está plagado de ejemplos. Sin embargo hay un largometraje fundamental que se puede descargar online: “A Boy’s Dream”. Telefonica haría bien en programar proyecciones de esta película reciente para que haya una mejor comprensión de esta exposición.

Las siete piezas exhibidas forman parte de una serie de 40 piezas a ser realizadas con una tecnología elemental. Jansen quiere crear un organismo que dé la sensación de estar vivo y con la autonomía de sobrevivir por su cuenta. Digámoslo en términos de Philip K. Dick, quien llamó “replicantes” a los seres que pululan en Blade Runner, la obra maestra de Ridley Scott.

Pero si algo replica Jansen es a sí mismo, a cada criatura anterior, a cada fósil o resto de algún “animario” expuesto durante largo tiempo en la playa. A partir de allí vuelve a armar una nueva especie que perfecciona a la anterior. Me recuerda al espíritu gótico de Mary Shelley y el apasionamiento del Dr. Frankenstein, sólo que Jansen tiene un espíritu contemporáneo guiado por las ideas de conservacionismo, que lo inhibe de utilizar elementos tecnológicos en su construcción. Una variante de la rigurosa devoción de Andy Goldsworthy por la naturaleza.

El holandés apenas utiliza mangueras o tubos muy ligeros para crear estructuras que van estableciendo relaciones formales con esqueletos monumentales, a los que añade unas alas de tracción unidas a un cigüeñal. A esto se añade el viento como factor principal del movimiento. Él hace que todo el primitivo mecanismo se ponga en marcha y adquiera finalmente una vida propia.

Jansen es un hacedor.   (Luis E. Lama)

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