El arte pictórico de Tokeshi: lúdico o siniestro.  Los negros encierran a los habitantes del mundo creado por el autor.
El arte pictórico de Tokeshi: lúdico o siniestro. Los negros encierran a los habitantes del mundo creado por el autor.
Edición 2464: Miércoles, 23 de Noviembre de 2016

Animalario

“Sin embargo, lamento decirlo, la decisión de la bipersonal con Aldo Shiroma no beneficia a éste último.

El arte pictórico de Tokeshi: lúdico o siniestro.  Los negros encierran a los habitantes del mundo creado por el autor.
El arte pictórico de Tokeshi: lúdico o siniestro. Los negros encierran a los habitantes del mundo creado por el autor.

Con la muestra de Tokeshi y Shiroma, Forum se ha convertido en un centro de experimentación de animales imposibles junto a otros más apegados a la realidad. Los primeros están directamente ligados con el arte de todos los tiempos y están a cargo de Eduardo Tokeshi, uno de nuestros artistas que mayor respeto ha logrado debido a una rigurosa versatilidad que oscila entre la abstracción y lo lúdico.

Él forma parte de la promoción de los años 80 de la Universidad Católica, y desde su egreso supo concitar la atención del medio con propuestas que alternaban entre la poética –hay mucho de Eielson en algunas obras tempranas– la narración, el delirio y la imaginación. En sus muestras iniciales nos proponía el sueño de alcanzar el cielo a través del arte y nosotros, cómplices con el artista, accedíamos a un mundo de imposible imaginación que nos abarcaba.

Pero en la década siguiente el Perú no estaba para evasiones y Tokeshi derivó a problemas que amenazaban nuestra cotidianeidad: los muertos, los fardos y la identidad de cada uno de nosotros, inmersos en un vendaval de violencia que cuestionaba  los propósitos de nuestra existencia.

Melancólico. La ternura y el humor también protagonizan algunas de sus obras. Eduardo Tokeshi es un narrador de historias intrincadas.
Melancólico. La ternura y el humor también protagonizan algunas de sus obras. Eduardo Tokeshi es un narrador de historias intrincadas.

De esa época datan las series sobre las banderas peruanas que constituye una suerte de reafirmación de peruanidad en medio del caos de la contienda terrorista, su derrota y el desmoronamiento fujjmorista. Tokeshi nunca fue un espectador pasivo de los acontecimientos que los rodearon y esa producción de años aciagos merece un estudio especial sobre arte y sociedad.

Luego llegó el amor y la paternidad. La ternura vuelve a protagonizar sus obras, profundizando por un camino con predominancia del humor, un elemento extraño en el arte del Perú, donde se suele considerar que para trascender la vía más segura es la solemnidad.

Su retrospectiva en el ICPNA en el 2012, en cierta medida fue un punto de quiebre y un retorno a la abstracción en obras de gran formato donde las manchas informalistas creaban un universo de brumoso refinamiento. Luego, otra vuelta de tuerca.

Caballo de Troya. Gran formato.
Caballo de Troya. Gran formato.
Una etapa de indagaciones se sucedió desde entonces hasta llegar a la muestra actual, donde se ve a un artista en madurez en la cual, en gran medida, se puede observar una síntesis de una carrera en extremo prolífica que excede tres décadas de plenitud.

El conjunto hoy exhibido muestra a un Tokeshi próximo al juego, pero también a la melancolía. A un creador de fábulas donde las casas tienen patas, donde lo impredecible se hace visible, a un narrador de historias intrincadas donde la tinta sobre el lienzo forma un encaje sutilísimo que hace sumamente compleja su lectura.

La mayoría de piezas está hecha sobre una madera deliberadamente gruesa que le da un aspecto escultórico a una pintura que luce como incisiones sobre la superficie, debido a la técnica empleada. Y está la veta de la madera que funciona perfectamente como una trama que se complemente con esas imágenes que pueden haber salido de un libro de cuentos, que a veces se vuelve melancólico y otras de terror, como ocurre en el díptico central, donde los negros encierran a los habitantes del mundo creado por el autor.

Si bien los grandes formatos –como el caballo de Troya– son los que adquieren protagonismo, hay piezas pequeñas que de inmediato apelan nuestro interior, como ocurre con la rama larga sobre cuyo extremo se encuentra un pajarito de juguete, creando con ellos asociaciones mentales similares a otras obras donde recurre al ready-made, como ocurre con el caballo de juguete o la escalera incrustados en determinadas zonas de los cuadros.

Finalmente está la variedad infinita de formatos que obliga a esfuerzos compositivos que el artista logra acertadamente solucionar. Sin embargo, lamento decirlo, la decisión de la bipersonal con Aldo Shiroma no beneficia a éste último. Más allá de lo lúdico –cada vez más virtual que real en Tokeshi– lo que se puede apreciar en este Animalario es un conflicto entre Arte y Diseño que nunca se llega a integrar. Y es precisamente esta tensión que se crea lo que vuelve aún de mayor interés la visita a Forum.  (Luis E. Lama)
Bestiario. El artista en su madurez ha excedido las tres décadas de plenitud. Es un creador de fábulas donde lo impredecible se hace visible.
Bestiario. El artista en su madurez ha excedido las tres décadas de plenitud. Es un creador de fábulas donde lo impredecible se hace visible.