Pintura de 1993. Venancio formó parte de la pro  moción de 1960 de Bellas Artes. Mereció el Premio ‘Sérvulo Gutiérrez’ al mejor egresado.
Pintura de 1993. Venancio formó parte de la pro moción de 1960 de Bellas Artes. Mereció el Premio ‘Sérvulo Gutiérrez’ al mejor egresado.
Edición 2463: Jueves, 17 de Noviembre de 2016

Venancio Shinki 1932-2016

“Los haikus, espléndidos, trascendentales para comprender al autor, estaban reunidos en un volumen memorable”.

Pintura de 1993. Venancio formó parte de la pro  moción de 1960 de Bellas Artes. Mereció el Premio ‘Sérvulo Gutiérrez’ al mejor egresado.
Pintura de 1993. Venancio formó parte de la pro moción de 1960 de Bellas Artes. Mereció el Premio ‘Sérvulo Gutiérrez’ al mejor egresado.

Tengo una amistad personal de más de cincuenta años con Venancio Shinki. Desde entonces nuestras vidas han marchado en cierto modo paralelas, con las fluctuaciones de los tiempos, el amor, el arte y los avatares que nos tocan vivir. Además, fue mi maestro.

1984. En los setenta atravesó una transición hacia la segunda etapa de su trayectoria.
1984. En los setenta atravesó una transición hacia la segunda etapa de su trayectoria.
  En 1965 había visto una muestra suya en el IAC con motivo de haber ganado la Bienal Tecnoquímica. Y quedé deslumbrado por su informalismo. Nunca antes había visto tanto refinamiento en el arte contemporáneo del Perú.  Entonces propuse convocarlo para que asumiera el taller de pintura de jueves, antiguo centro cultural sanisidrino, pues además contaba con una sólida experiencia como docente gracias a las clases que impartía en la Escuela de Artes Visuales de la Universidad Nacional de Ingeniería.

Venancio, que formó parte de la promoción de 1960 de la Escuela Nacional de Bellas Artes en el taller de Juan Manuel Ugarte Eléspuru –el mejor Director que ha tenido la ENBA– mereció el Premio ‘Sérvulo Gutiérrez’ otorgado al mejor egresado de ese año.

Retrato sesentero de Baldomero Pestana.
Retrato sesentero de Baldomero Pestana.
  Desde entonces él concitó el interés de esta provinciana Lima con pretensiones cosmopolitas, donde al arte –y a la cultura, en general– se le otorgaba una importancia infinitamente superior a la que actualmente tiene entre nosotros. Es en ese ámbito que él se convierte en uno de los protagonistas de la abstracción que predominaba entre nosotros como símbolo de contemporaneidad y a la que se adhirieron los grandes pintores de la década. En el otro extremo se encontraban las vanguardias de Arte Nuevo y todo estaba en una ebullición que nunca más se repetiría.

El gobierno militar dio un vuelco a la situación. No más vanguardias, declive de la abstracción y extraordinarios pintores se vieron obligados a subsistir en ministerios y periódicos que confiscaría la dictadura. La ilustración era una solución para problemas de subsistencia y muchos se refugiaron en ella.

Paralelamente el mercado de arte se consolidaba y atraía a los artistas del exterior. Regresaron nuestros grandes surrealistas y las predilecciones fueron derivando a lo onírico, al que muchos abstractos consideran como un síntoma de los tiempos. En los setenta, liberado de los trabajos asalariados Shinki atraviesa una transición fundamental. Sin dejar de lado su sentido espacial, sus brumas se vieron cada vez más invadidas por elementos que fueron configurando una nueva arquitectura. Son los cuadros de lo que podríamos llamar una segunda etapa de su trayectoria, la cual fue madurando paulatinamente hasta llegar a una iconografía que terminaría por identificarlo hasta el final.

Shinki. Pintura de 1964.
Shinki. Pintura de 1964.
La mayor parte de sus cuadros fue exhibida en Galería 9, bajo la dirección de Élida Román. Su última muestra tuvo lugar en el 2014 en Lucía de la Puente. Allí presentó pinturas, dibujos y haikus en una amplísima selección que abarcó los dos pisos de la galería. Allí se verían las obras de plenitud. Los grandes espacios, la geometría, la búsqueda de otras alternativas y, sobre todo, la experiencia de haber vivido. Ya no era tan importante el detalle de los cuerpos como la presencia de elementos que remarcaban la espiritualidad de su discurso. Los dibujos, en cambio, por su formato, resultaban enmarañados de sugerencias y presencias que lo acompañaron siempre. Mientras los haikus, espléndidos, trascendentales para comprender al autor, estaban reunidos en un volumen memorable que constituye una síntesis del pensamiento de un hombre que siempre vivió en un mundo paralelo al de su pintura.

Durante toda su prolífica carrera Shinki recibió innumerables premios y homenajes, el último de ellos fue en el Festival dedicado al Perú organizado por el Instituto Cervantes de Nueva York. Fueron piezas de la colección del autor llevadas a Manhattan donde recibiera su último reconocimiento internacional.

Nacido en la Hacienda San Nicolás de Supe (1932), hijo de un inmigrante japonés y una habitante de Huari, Venancio tuvo una infancia difícil y luchó duramente para llegar a la meta de ser artista. Y lo logró a tal grado que hoy es parte de nuestra historia. Su vida es una lección de sabiduría. Un entrañable sensei.