Primer día de juicio, el proxenetismo de Lima, Callao y balnearios se sienta en el banquillo de los acusados.
Primer día de juicio, el proxenetismo de Lima, Callao y balnearios se sienta en el banquillo de los acusados.
Edición 2542: Jueves, 7 de Junio de 2018

Oficios Antiguos

Escribe: Luis Jochamowitz | Manuel Novella Trabanco, gánster nacional (1971).

Primer día de juicio, el proxenetismo de Lima, Callao y balnearios se sienta en el banquillo de los acusados.
Primer día de juicio, el proxenetismo de Lima, Callao y balnearios se sienta en el banquillo de los acusados.

Las noticias sobre prostitutas, burdeles y proxenetas, siempre gozaron de excelente salud. En los tiempos de la sexualidad oculta o combatida, antes que el capitalismo autodevorador del consumo desbordara los diques del antiguo pudor público, y el sexo se desparramara incontenible por todos los intersticios del resumen del día, la prostitución, su persecución o ejercicio problemático, era ocasión no desaprovechada para otear el terreno prohibido, fuente inagotable del incidente curioso o significativo que llamamos noticia.

Manuel Novella Trabanco fue la atracción de la prensa mientras se dejó ver y fotografiar.
Manuel Novella Trabanco fue la atracción de la prensa mientras se dejó ver y fotografiar.
Obsérvese si no la galería de hombres y mujeres de negocios, sentados en el banquillo de los acusados ese día de 1971. Los iluminan los flashes de la prensa, se tapan la cara con periódicos, con pañuelos, con anteojos oscuros. Su actividad profesional decididamente son los servicios, animan una rama de la economía intensiva en mano de obra, de ellos depende el pan de muchas familias, no solo dentro de sus bullentes establecimientos, sino en una variedad de actividades conexas, bares y cantinas, carretillas de comida, emolienteros nocturnos, vendedores ambulantes y clandestinos que ofrecen condones o fotografías pornográficas, y toda clase de pequeños pillos que proliferan bajo el alumbrado público, alrededor de ciertos locales y paraderos de transporte.

Son la mano invisible, los que toman el pulso de esa mano intangible, convertida en guante reversible por distorsiones mil del mercado. En lugar de entrevistarlos por su éxito –ahora estarían en el rubro de la hostelería– la sociedad, mejor dicho, la autoridad y la prensa, ha decidido castigarlos. Se los llama “mafia poderosa”, “explotadores del pecado”, son “el proxenetismo de Lima, Callao y balnearios”. Han caído infraganti escriben los reporteros del Palacio de Justicia, se les acusa con pruebas sólidas de haber reunido una bolsa de dinero para pagar el soborno ritual de la autoridad edil, policial y/o judicial.

El joven Novella, años cuarenta.
El joven Novella, años cuarenta.
 El más notable de ellos es Manuel Nicolás Novella Trabanco, “al que la prensa cotidiana cuelga el fatigoso mote de Zar del Vicio”. Su caso se ventila con una mezcla de curiosidad y envidia. O para decirlo más moderadamente, “un caso que llama al asombro y la meditación”. Hasta ahora ha declarado poseer 70 millones de soles, aunque otras fuentes calculan su fortuna en la sideral cifra de 800 millones. Tiene, además, 17 propiedades inmuebles, cuatro automóviles, una camioneta y acciones bancarias. Vive en una buena casa de la Avenida Salaverry, y sería dueño de “una residencia principesca” en la Riviera francesa.

Bajo el amontonamiento de la información judicial, se sugiere una biografía profesional. La más lejana mención lo ubica en los Barrios Altos, hijo, nieto o biznieto de italianos e incontables sangres. Hay una foto de cuando era joven y una palabra que lo describe, “pintón”. Son los años cuarenta y ya maneja su primer Ford o Chevrolet de segunda mano, comprado con el dinero de una “trotacalles”. En la postguerra haría su inserción y primeros pasos. Es una franja oscura que muchos magnates que se han hecho a sí mismos prefieren no mencionar. Proxenetismo sería la definición técnica, pero por su ubicación estratégica, no se deben descartar rápidas incursiones en el contrabando de cigarrillos y licores, el juego, las apuestas ilegales, la distribución de sobres con “pichicata”, y en general, cualquier ocasión que se presente.

Salida del Palacio de Justicia, los redactores rodean a la estrella del juicio.
Salida del Palacio de Justicia, los redactores rodean a la estrella del juicio.

Es una historia de dinero que ingresa, de oportunidades y esfuerzo, de dormir de día y trabajar de noche, si es necesario con el auxilio de la intimidación y la violencia, léase palizas, roturas de huesos, en ocasiones con la intervención de la pistola. No parece, sin embargo, un hombre demasiado violento, lo suyo sería más bien la contabilidad y la persuasión del dinero. Se le quebró la voz al momento de declarar ante el Cuarto Tribunal Correccional y tuvo que sacar el pañuelo para secarse los ojos. Nuestro gánster era un sentimental, sobre todo si se trataba de él. Su ambiente natural no eran las duras calles, sino las pequeñas oficinas mal iluminadas en la trastienda del local.

El kilómetro 5 y medio, una revolución en el negocio más antiguo del mundo.
El kilómetro 5 y medio, una revolución en el negocio más antiguo del mundo.

1956 alteró definitivamente el ecosistema de negocios en el que se movía. Ese año se clausuró el barrio rojo, nombre demasiado grande quizás para las siete o diez cuadras, dos hileras de casitas de cuatro metros de fachada, con puerta y ventana a la calle, conocido como Jirón Huatica, o Huatica a secas. Novella tendría vínculos con el barrio, pero su extremo fraccionamiento sería un escollo para el crecimiento. Tal vez por eso, era socio de un burdel itinerante fuera del barrio rojo que se mudaba según los avatares legales o policiales, y respondía al curioso nombre de “El Conde de la Vega”. En su prehistoria mercantil también emerge un bulín de mala muerte llamado el “999”.

Más que clausurar el barrio rojo, la autoridad lo estaba empujando lo más lejos posible. Ya lo había hecho en los años veinte cuando se formó Huatica. Flotillas de camiones cargaron los catres, colchones, radios, espejos y bateas, los enseres básicos de un burdel, y desperdigó la carga en La Floral, más al fondo de La Victoria, el Rímac, y otras zonas alejadas. Muchos de esos establecimientos estaban destinados al cierre o la larga agonía, eran los restos del pasado, refugio de veteranas y vetustos rufianes que no estaban al tanto de los cambios en la demografía y las costumbres de la ciudad.

Novella a comienzos de los años 70.
Novella a comienzos de los años 70.
  El primero que lo comprendió parece haber sido, otra vez, un nisei llamado Enrique Kiohara, que en 1957 abrió un motel en la Carretera Central al que se ingresaba en auto. La idea era sencilla pero de grandes posibilidades. Ese primer local se llamó el “Tú y Yo”, “nombre que tiene cierto ingenio oriental” comentó CARETAS sin sospechar que estaba ante una señal de palio fujimorismo. El “Tú y Yo” revolucionó los modos tradicionales, en lugar de ocultarse colocó un gran letrero luminoso de neón, y compró publicidad en los diarios, anunciándose como “el lugar para los hombres de negocios fatigados”. En algún momento la publicidad pagada fue interrumpida a causa de un “excesivo exhibicionismo”, pero el cambio sociológico ya se había producido, todo el mundo sabía dónde quedaba el “Tú y Yo”, que funcionó con éxito durante muchos años, aunque el letrero luminoso terminó por malograrse y nunca más fue reparado.      

La idea del chonin criollo Enrique Kiohara, “prendió como fuego en pasto seco y con los años se fue formando un pequeño barrio de amoblados”. “Amoblado”, así se les llamó al principio, influencia tal vez de las películas argentinas de Isabel Sarli y Armando Bó. Novella Trabanco estuvo entre los primeros en comprender que comenzaba una época de concentración inédita en el negocio. El kilómetro cero de ese emporio, el mitológico “5 y Medio”, también sería suyo más adelante, pero al principio salpicó sus propiedades en varios lotes a ambos lados de la carretera. El primer terreno lo compró a precio de regalo de un pariente, el “Chino Genaro”, lo que delata otro rasgo de la operación: el negocio era familiar. Mientras crecían las inversiones (“Mi Chalet”, “Mi Motel”, “Mi Corazón”, “todos nombres teñidos de un erótico amor a la propiedad privada”, comentó la revista), sus hermanas Dolores y Esmeralda, y su cuñada Estelita, pasaron a ocupar cargos importantes en la organización. Conveniente, compasivamente, el reglamento de Licencias Especiales especificaba que los establecimientos debían ser administrados por mujeres.

Pero estas reconstrucciones de imperios siempre son parciales, por no decir imposibles. El capital necesario para comprar grandes lotes de terreno y construir con esa arquitectura de muros blancos, garajes y departamentos aislados, hace sospechar la existencia de socios ocultos y capitales externos. Además, sus establecimientos en el “kilómetro del amor” –así se llamó una novelita que se vendió en los quioscos de la época– solo eran una parte de la oferta; para llegar hasta allí se necesitaba tener automóvil particular o tomar un taxi, era claramente un servicio para las clases medias de la ciudad. Era sabido que en el negocio de las apuestas hípicas los mayores ingresos provenían de las tribunas populares. Si en los negocios prostibularios ocurría lo mismo, el centro del imperio de Novella Trabanco no era el “5 y Medio”, sino el famoso Trocadero.

Era un inmenso lenocinio popular, “fortaleza del pecado” que daba trabajo a 500 mujeres, ubicado estratégicamente entre Callao y Lima, como tentadora solución para las masas obreras y jornaleras que regresaban a casa con el pago en el bolsillo. El Trocadero significó un salto en la escala, un cambio verdaderamente industrial con respecto a los mustios dos cuartitos que había atrás de cada puerta del Jirón Huatica.

Visto desde afuera no era demasiado diferente a un ala de dos pisos de una Gran Unidad Escolar, con menos ventanas y pintado de un color verde aguado. El patio vendría a ser una enorme y medio vacía playa de estacionamiento, que parecía un desperdicio a primera vista pero que cumplía varios astutas funciones. Además de especular con el valor del terreno en la Avenida Argentina, encapsulaba el establecimiento dentro de la manzana, lo más lejos posible del molesto vecindario. Por otro lado, reproducía en su provecho las condiciones del exterior, el Trocadero tenía su propia calle, casi una plaza, con sus ollas de comida, expendio de cerveza y licores si la inspección lo permitía, hasta vendedores ambulantes de chicles y cigarrillos sueltos, previo pago de una sisa.

Y aquí, súbitamente, el archivero se pone autobiográfico y recuerda una noche de hace muchos años en que, con un grupo de amigos, visito el lugar con ánimo entre risueño y estudioso. Por adentro el Trocadero sí era diferente a una Gran Unidad Escolar. Cada piso constaba de un largo y ancho corredor central con pequeñas habitaciones a ambos lados. No era un lugar sucio o especialmente sórdido, las paredes podían repintarse pero el piso de cemento había sido literalmente pulido por los pasos de incontables parroquianos. Olía a creso, ruda o perfumes chillones de fantasía, la clase de olores que uno agradece en estos lugares. Las mujeres confraternizaban y se ponían de acuerdo con los clientes en el corredor central, tendían a la gordura y ya no eran jóvenes, no parecían demasiado diferentes a las vendedoras del mercado ante su puesto de verduras.

El tamaño del Trocadero producía asombro y cierta admiración. Uno no esperaba encontrarse con algo tan grande en la Lima de esos años, a menos que fuera algo espontáneo y caótico, producto del incontenible desborde. Aquí, en cambio, todo estaba organizado y parecía en orden. Años más tarde Pablo Macera dijo que el Perú era un burdel, y alguien le recordó que los burdeles funcionaban y tenían organización.

¿En qué terminó el juicio por intento de soborno contra Manuel Novella Trabanco y otros? No se sabe, así de olvidadiza es la justicia en la tierra. Es muy improbable que Novella haya dormido muchas noches en prisión. Lo que sí se sabe es que nunca abandonó los negocios, volvió a ocultarse en las sombras y continuó progresando. Novella fue como un inmenso animal marino que emerge un momento y luego desaparece en las profundidades. Por un instante todos lo pudieron ver, impresionó por su tamaño y ciertos detalles abisales, pero en cuanto se libró del lazo regresó al fondo del mar de donde nunca más salió.

La única pena de la que no se pudo librar fue la pérdida del anonimato. En adelante su nombre sería inseparable de una historia que no le hacía gracia. Se dijo que había llevado a toda su familia a vivir en España, donde estaba en tratos para adquirir un título nobiliario. Otra bagatela en la que gastar el dinero que tanto le costó obtener. Sus negocios siguieron aquí, sobrevivió al juicio y hasta engordó en los años 70. En los años 80 vio cómo se reconfiguraba radicalmente el mercado, mientras proliferaban como hongos los pequeños hostales. En los 90 sus “amoblados” todavía seguían funcionando, en plena decadencia, después de haber amortizado muchas veces la inversión. Para entonces, los cambios sociales, culturales y hasta médicos, como el avance masivo de los anticonceptivos, habían hecho desaparecer el viejo mundo del proxenetismo del que provenía. El coito venal, el meollo de su negocio, se había independizado y descentralizado hasta volverse un hecho casi natural.

Astuto, rápido, resistente, Novella Trabanco supo adaptarse a todo. Al final de su carrera parecía dirigir un emporio de bienes inmuebles, como si lo que ocurriera adentro no fuera de su incumbencia. La última noticia que se tiene de él, a menos que se trate de un homónimo perfecto, es del año 1996, como Presidente del Directorio de Inversiones Nobel S.A, con intereses en hostales, hoteles y esparcimiento. Parece otra vulgar compañía inmobiliaria que tiene problemas para que el banco le renueve el sobregiro. Pero resulta notable, allí sigue, un ex proxeneta octogenario, tal vez casi ciego, o en silla de ruedas, o con una salud de hierro, siempre a cargo de los negocios.

Como todos los que llegan, estaría en la edad de confrontar su vida con su obra ¿Qué hizo?, ¿qué dejó? Otra ficha registral hace un último comentario, ahora si el último: Manuel Novella Trabanco, Presidente del Directorio de SEGELSA, empresa dedicada al rubro de lavandería, limpieza en seco y teñido. Uno recuerda la florería de Dion O’Banion, o las tintorerías de Frank Nitti. No hay mejor lugar para entrever por última vez a este veterano, entre nubes de vapor y olor a desinfectantes. Era resistente pero para los tiempos que corren debe haber muerto hace años. Lástima, sería interesante conversar con él.

CARETAS, ediciones 441 y 448, agosto y diciembre de 1971.  

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