El otoño final. Clorinda Málaga y Manuel Prado, en su casa de la Avenida Foch, en París. Formaron una pareja armoniosa.
El otoño final. Clorinda Málaga y Manuel Prado, en su casa de la Avenida Foch, en París. Formaron una pareja armoniosa.
Edición 2531: Martes, 20 de Marzo de 2018

Chisme Oficial

Escribe: Luis Jochamowitz | Boda y escándalo en 1958.

El otoño final. Clorinda Málaga y Manuel Prado, en su casa de la Avenida Foch, en París. Formaron una pareja armoniosa.
El otoño final. Clorinda Málaga y Manuel Prado, en su casa de la Avenida Foch, en París. Formaron una pareja armoniosa.

La anulación del primer matrimonio religioso de Manuel Prado con Enriqueta Garland fue anunciada en un comunicado oficial de la oficina de prensa del gobierno. En el siguiente párrafo se daba parte del nuevo matrimonio religioso del Presidente con Clorinda Málaga. Luego sobrevino el silencio.

El silencio por escrito se entiende, ya que la materia de esa información estaba hecha para ser hablada, conversada, contada más veces de lo que pueden lograr las imprentas. Se trataba de un chisme oficial, la súbita irrupción de la vida sentimental de Manuel Prado en la trama diaria o interdiaria de la pequeña república. No hay registro posible, pero es seguro que ese comunicado oficial desató una marejada de comentarios que llegaron quién sabe hasta qué rincones de nuestro informe pero muy real cuerpo social.

Se trata de otro caso en la historia de los permisos y los límites que la prensa, y sus públicos, establecen acerca de lo que es noticia. Hoy parece casi incomprensible que la prensa haya guardado silencio durante muchos días. El caso ilustra hasta qué grado la vida privada ha retrocedido ante la curiosidad pública y la máquina de saciarla.

El silencio, sin embargo, clamaba a gritos. Alguien que firmó “Un lector dudoso” escribió una carta a la revista: “Es muy difícil creer que, después de más de 40 años de matrimonio, la Iglesia ha encontrado que Enriqueta Garland no era la esposa del Presidente sino tan sólo su concubina. ¿Acaso no hace esto ilegítimos a sus hijos Manuel y Rosa?”

Juan Landázuri Ricketts, líos canónicos. Derecha, Enriqueta Garland, siempre guardó silencio.
Juan Landázuri Ricketts, líos canónicos. Derecha, Enriqueta Garland, siempre guardó silencio.

Pocos días después, un aviso a cuatro columnas en “El Comercio” convocaba a “las mujeres católicas” a reunirse frente a la iglesia de Santa Rosa “como expresión de pena y dolor ante nuestro Santo Padre Pío XII (…) rogaremos por nuestra Iglesia y por la santidad del matrimonio”. Se ha dicho que unas cinco mil mujeres, número muy considerable para la época, se reunieron y marcharon en fila de cuatro cantando el “Salve, salve María”. Debe haber sido una de las primeras demostraciones exclusivamente de género femenino.

Finalmente el dique de silencio se rompió y lo hizo de la manera más inesperada. La revista norteamericana ‘Time’, propiedad de la muy católica familia Luce, dedicó dos breves pero sustanciosas notas en las que daba cuenta del estado de la cuestión semanas después de la boda.

La oficina de informaciones del gobierno nunca dijo una palabra más, pero la ausencia de toda explicación sobre la anulación del primer matrimonio, trasladó la mirada pública hacia la jerarquía católica. Poco después de la manifestación femenina con cánticos marianos, el jesuita Ulpiano López, doctor en derecho canónico, dio una charla radial en la que mencionó las causas que podrían anular un hipotético matrimonio. No despejó ninguna duda y más bien agravó la situación al barajar esas causas, todas bastante alarmantes.

Con esa información en la mano, la revista ‘Time’ preguntó a un vocero del Vaticano en Roma: “¿Estaba sugiriendo la Iglesia que Prado había sido forzado a su primer matrimonio?”. El vocero no respondió la pregunta pero certificó que los hijos del matrimonio eran legítimos dado que “habían sido engendrados de buena fe”. Los archivos del Tribunal de la Rota Romana son insondables, pero a cambio de su silencio, dejó al menos dos comentarios significativos: el caso Prado había recibido “una consideración sumamente rara”, y había tardado “varios años” en resolverse.

Que se sepa, hasta el día de hoy no se ha dado un paso más para resolver ese misterio. Se puede inferir que Prado y su futura consorte hicieron todo lo posible por obtener el permiso del Vaticano. Una Iglesia preconciliar hizo el resto. ¿Cuál fue el papel de Enriqueta Garland en todo esto? ¿Cuánto costó, en tiempo y dinero, tan complicada operación? Es posible que en el siglo XXII, cuando el Vaticano haya privatizado todos sus tesoros, un historiador o un guionista del futuro, desentierre el interesante caso del Presidente sudamericano que se casó dos veces ante Dios.

CARETAS, edición 158, 8-21 de julio de 1958.

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