Víctor Raúl Haya de la Torre en 1962, segundos antes de salir al aire.
Víctor Raúl Haya de la Torre en 1962, segundos antes de salir al aire.
Edición 2490: Jueves, 1 de Junio de 2017

Televisión de Piedra

Escribe: Luis Jochamowitz | Escenas de una década desaparecida.

Víctor Raúl Haya de la Torre en 1962, segundos antes de salir al aire.
Víctor Raúl Haya de la Torre en 1962, segundos antes de salir al aire.

En aquel tiempo se creía que ciertas personas tenían el don de verse bien en televisión. En su desenfrenada carrera de neologismos llamaron a eso telegenia y pronto se convirtió en el nuevo oro en polvo de algunas viejas profesiones. Los políticos fueron quizás los que más se jugaron la cabeza cuando apareció ese invento con forma de cubo. Según el breviario de la historia inmediata, Fernando Belaunde fue el que se quedó con la mayor parte de ese botín. Era joven, guapo, educado. La idea es parte de una constelación de asociaciones indemostrables, junto con el voto femenino, que circularon ampliamente para explicar el triunfo electoral de 1963.

Víctor Raúl Haya de la Torre, en cambio, según ese mismo breviario, habría sido el más perjudicado en el reparto de dones. Anticuado, tribunicio, radial en el mejor de los casos, Haya nunca congenió, se ha repetido, con el nuevo medio. Es cierto que el caudal electoral del viejo partido venía decreciendo desde 1945, pero se estacionó en un tercio del electorado y ahí se quedó hasta los tiempos de la televisión a color. Es dudoso, por otro lado, que Haya de la Torre, un consumado actor, no pudiera desarrollar una personalidad apta para la televisión. De hecho, sus partidarios decían lo contrario después de cada presentación. Lo que en realidad sucede es que no tenemos ni un segundo de Haya de la Torre en televisión. La horrible verdad es que toda la televisión de la década del 60 ha desaparecido y solo quedan escasos minutos grabados. Así cuidaban sus archivos nuestros muy incultos pioneros de la televisión.

Fernando Belaunde, no solo hablaba, también se movía. Derecha, Héctor Cornejo Chávez, fervor en el estudio, frialdad en la antena.
Fernando Belaunde, no solo hablaba, también se movía. Derecha, Héctor Cornejo Chávez, fervor en el estudio, frialdad en la antena.

Otros usuarios tempranos de “la magia de la televisión apenas merecen ser consignados. Manuel Odría, más soporífero que un inspector del Ministerio de Educación, leyendo imperturbable su discurso. Héctor Cornejo Chávez, un caso de anti telegenia al decir de sus críticos, demasiado dialéctico y agresivo, además de mal afeitado como Nixon. Probablemente los que mejor partido sacaron del medio fueron Enrique Chirinos Soto, en una elección complementaria, y Luis Bedoya Reyes, alcalde de Lima, que tenía respuestas rápidas e ingenio criollo que la televisión podía registrar.

Cincuenta años después de esa edad de piedra,  resulta inocente creer en esa “televisión blanca”, como la describen ambiguamente los comentaristas de estas cosas. La palabra telegenia prácticamente ya no se usa, aunque la tiranía de la apariencia se ha hecho quizás más fuerte en el caso de las mujeres, sobre todo si son relatoras de noticieros. Pero en la política, como en casi todos los géneros, la televisión ha devorado sus paradigmas y ahora se alimenta de todo lo que se acerque a ella. 

La prehistoria de la televisión política terminó en 1968. A partir de entonces experimentaría sucesivas mutaciones hasta convertirse en lo que es hoy. Revisitar ese momento inicial es como volver a mirar las fotografías de un niño, cuando nadie imaginaba que al crecer se convertiría en un monstruo.

Loading...