Prado y Roosevelt, encuentro en el aeropuerto, 1943.
Prado y Roosevelt, encuentro en el aeropuerto, 1943.
Edición 2478: Jueves, 9 de Marzo de 2017

¿Un Monstruo de Vanidad?

Escribe: Luis Jochamowitz | Más allá del frac y las condecoraciones (1958)

Prado y Roosevelt, encuentro en el aeropuerto, 1943.
Prado y Roosevelt, encuentro en el aeropuerto, 1943.

¿Cómo era Manuel Prado?, es decir, ¿qué pensaba de sí mismo y de su lugar en la historia? Venía de una familia mancillada, así que su reacción ante ciertos asuntos era ultra sensible. Bajo todos sus trajes y sombreros, atrás de sus medallas, cuando llegaba en la noche a su casa y se quitaba los zapatos, ¿Cómo se veía a si mismo? No es un ejercicio baladí del todo. Prado es a nosotros lo que las mansiones demolidas, neocoloniales y tudor, de San Isidro y Miraflores, pero también, la última flor de Amancaes aplastada en la pampa por la multitud calificada.

Nadie le escatimó habilidades políticas, por algo fue Presidente dos veces. Sus habilidades eran más bien figuradas, de “cintura”, de envite, de gesto y contención, mientras el rival se precipitaba en la nada. No siempre las aplicó en su exclusivo beneficio, y hacia el final todos decían que su famosa “habilidad” lo había abandonado. Fue el padre de la criatura nacida en 1956, es decir, el fin de la proscripción del aprismo. Lo que podía ser el inicio de una democracia parlamentaria, se convirtió en “la Convivencia”, como lo llamó nuestra crónica insatisfacción.

Tuvo una política clara y decidida durante la segunda guerra mundial. Sería interesante que alguien investigue acerca de las relaciones de Torre Tagle con Vichy en 1940 y 41, pero más allá de eso, no hay duda de que fue un aliado firme de primera hora. En su corazón era en realidad un francófilo, allí tenía su verdadera casa y allí quería vivir. La misma noche en que se supo el desastre de Pearl Harbour, le escribió un telegrama a Roosevelt con el siguiente tenor: “El Perú permanecerá solidario de los Estados Unidos hasta el fin”.

Manuel Prado Ugarteche, cabeza de un régimen célebre por su frivolidad.
Manuel Prado Ugarteche, cabeza de un régimen célebre por su frivolidad.

Llamó a sus gabinetes a algunas de las mejores inteligencias de la época e, impostando un poco la voz, se podría hablar muy bien de su política siderúrgica, por ejemplo, pero todo lo que hizo o pudo hacer ha quedado empequeñecido por un rasgo de carácter: su autosatisfacción, su complacencia, su vanidad tantas veces saciada que terminó formando las líneas de su cara como una mueca propia.
En junio de 1958 concedió una entrevista al periodista viajero Serge Gronadard, de Le Figaro. De allí se extraen los siguientes párrafos. Sus palabras se publicaron en letras cursivas, señal de que fueron entregadas por escrito.

“Oh, la candidatura…cuando me pidieron volviera a presentarme para la presidencia, yo me negué enérgicamente. Estaba poco deseoso de dejar mi Avenida Foch número 56. ¡Qué quiere usted! Mi primer mandato había sido, excúseme que lo diga, un gran éxito. Mi salida de Lima, después de la transmisión de poderes, fue una apoteosis. Multitudes inmensas, flores en todos los balcones, aclamaciones sin fin. Pensaba que sería una lástima alterar ese recuerdo. ¡Conocer dos veces en una ciudad semejante éxito! No, yo no lo creía posible. Entonces rehusé. Cartas, cables, llamadas telefónicas: yo seguía repitiendo No. Pero en el Perú la fiebre crecía, se anunciaban disturbios en las provincias del interior. Por no encontrar una personalidad capacitada, por su popularidad y renombre, para desempeñar el rol de árbitro, el Perú estaba en trance de deslizarse hacia negras expectativas. Los representantes de movimientos diametralmente opuestos vinieron por avión, sucesivamente, a conjurarme. Entonces, fatigado, yo dije ¡Si!”.
Y sobre su visita a los Estados Unidos en 1942:

“Al desembarcar en el aeropuerto yo pensé encontrarme con un representante del gobierno de los Estados Unidos y con nuestro embajador. Pero al descender del avión tuve una visión inolvidable: Roosevelt estaba allí en persona, con 22 Ministros en ejercicio: ¡todo su gabinete! Y en torno de los gobernantes civiles de los Estados Unidos en guerra, se encontraba el grupo de Generales y de militares más extraordinario que jamás se ha visto reunido: todos los jefes militares que dirigían la guerra me recibieron, encabezados por el General Marshall! El Presidente Roosevelt me dijo al abrazarme: ´La dirección del Estado y de la Guerra ha sido paralizada a fin de recibir dignamente al valiente Presidente de la República del Perú”.