Betty di Roma en fotografía clásica, hace su ingreso a la pista de baile.
Betty di Roma en fotografía clásica, hace su ingreso a la pista de baile.
Edición 2472: Jueves, 26 de Enero de 2017

El Centro Del Mundo

Escribe: Luis Jochamowitz |Ombliguismo, Betty di Roma y cambios sociales (1959)

Betty di Roma en fotografía clásica, hace su ingreso a la pista de baile.
Betty di Roma en fotografía clásica, hace su ingreso a la pista de baile.

El punto focal era el ombligo. A partir de él se construía una composición visual en movimiento de pubis, muslos, caderas, senos, rostro, ojos, a lo que se sumaba el efecto sonoro, básicamente percusión y trompetas, además de otros elementos como la luz dirigida y de colores, la escenografía de oropel, la serpentina y el pica pica. Para corresponder con esa atmosfera imaginaria de cotillón, o pacotilla, el público llevaba una serie de señas, como las corbatas michi en los hombres y las pieles y plumas en las mujeres. Pero eso abre demasiado el panorama, y no olvidemos que en el principio era el ombligo.

El Ombliguismo, un momento en la historia del espectáculo del cuerpo femenino, se definía a sí mismo y a la vez trazaba una línea de deslinde con la autoridad censora. Su nombre era tan taxativo que la misma autoridad lo usaría como unidad de medida, si es que no fue la inventora de la palabra. Una vez admitido el ombligo, el resto del cuerpo, en especial las partes prohibidas, ingresaban a un terreno siempre debatible en manos de una buena costurera. Eran, como dice Borges, “la inminencia de una revelación que nunca se produce”.

El Ombliguismo giraba en torno al ombligo, pero el peso material y social que lo rodeaba, el local, los empleados, la orquesta, el público, lo empequeñecían aunque nunca perdía sus virtudes de señuelo. En términos más humanos quien ocupaba el centro de la atención era la chica, en este caso Betty di Roma, nombre verdadero, quinta de seis hermanos, hijas e hijos de un siciliano y una nacional, nacida en Ica a mediados de la década del treinta. Uno intuye un ambiente semi rural de pulpería en un cruce de caminos, o de pequeño viñedo con destilería. A los diez años la familia se mudó al Callao, tal vez a Chucuito o a las densas calles del Cercado. Allí creció y floreció justo a tiempo para ser la reina del baile de los 50.

José Manuel Crovetto, Prefecto de Lima, acusado de extorsión.
José Manuel Crovetto, Prefecto de Lima, acusado de extorsión.

Es curioso cómo los cambios sociales en materia de nudismo y pudor llegaron sin grandes convulsiones. Betty di Roma y su ‘descubridor’ Guido Monteverde hicieron más por el cambio de las costumbres en Lima que ningún artista de vanguardia o iconoclasta moral. Es cierto que sobre ellos actuaban enormes fuerzas que relativizan el papel de los individuos. Las transformaciones mundiales de posguerra, el crecimiento demográfico, crítico en las taquillas, el carácter del odriísmo, libertad económica con dictadura política, dejaban a la política de lo sexual en tierra de nadie, en moneda de cambio, en válvula de escape cuya llave controlaba intuitivamente alguien como Guido Monteverde. Para la segunda mitad de la década, la batalla del Ombliguismo estaba tan ganada que Betty di Roma trabajaba en el Grill Bolívar, con el sello de aprobación de clase que eso significaba.

Es cierto que hacia el final del período hubo una cierta reacción púdico-municipal, encabezada por la alcaldesa de Lima Anita Fernandini de Naranjo. La parte más vistosa de ese movimiento eran las redadas contra la prostitución en vía pública, las “lolitas” como las llamaba la prensa popular. Pero era una reacción inútil y extemporánea, neutralizada además por el Prefecto pradista Crovetto, que terminó en la cárcel por extorsionar a los burdeles.

El Ombliguismo siguió absorto en su mundo, hasta que nuevas realidades vinieron a sepultarlo como otro momento en la agitada historia del cuerpo de la mujer. A comienzos de los años sesenta surgió y llegó el bikini, millones de mujeres comenzaron a usarlo como otra señal del cambio de los tiempos. Una respuesta a ese cambio fue el striptease, rama especializada que rompía la regla número uno del Ombliguismo: nunca llegar a la revelación completa.

Anita Fernandini de Naranjo, Alcaldesa de Lima y guardiana de las “buenas costumbres”.
Anita Fernandini de Naranjo, Alcaldesa de Lima y guardiana de las “buenas costumbres”.

Betty di Roma, que había sido la estrella de la Compañía Bikini Show, creada por dos periodistas y un banquero en el precursor año de 1951, para los sesenta era víctima de su propio éxito. La promesa incumplida del Ombliguismo se podía encontrar en cualquier playa, en cualquier piscina, en cualquier programa de televisión. Betty di Roma siguió trabajando, llenó todo un tramo de la inacabable y ajada noche local. Surgió después de las rumberas, junto con el mambo, técnicamente era una mambera, duró más que las striptiseras y llegó hasta los tiempos de las artificiales vedettes.  Cuando se retiró se convirtió en una leyenda del periodismo costumbrista. Nada más fácil que decir la verdad en un panegírico, Betty era bella, graciosa, valiente, trabajadora, dueña de un ombligo que una vez fue el centro del mundo. 

Loading...