Edición 2462: Jueves, 10 de Noviembre de 2016

El Sueño de Ser Presidente

Un caso atípico: Pedro Beltrán Espantoso (1962).

La lista de los que quisieron ser Presidente del Perú y no lo consiguieron debe ser –al menos– diez veces más larga de los que sí lo lograron, 78 se dice. A la cabeza de ese pelotón fallido siempre irá Víctor Raúl Haya de la Torre, indiscutible ganador de elecciones perdidas. Más atrás, tropezando entre ellos, corren los Ureta, Manuel Toribio o Eloy, los Anteros, Aspíllaga o Flores Aráoz, los Generales Pando, los Samamé Boggio, y las decenas de candidatos derrotados, hasta llegar al que probablemente ocupa el último lugar, el odontólogo rimense Mario Campos Arredondo. Ni en la punta ni en la deshilachada cola, ocupando su propio lugar espectaticio, marcha con ellos Pedro Beltrán Espantoso, director de “La Prensa”, líder de “los agrarios” y eminencia intelectual de la derecha que al menos leía periódicos. A comentar su caso se dedica este texto.

Su última oportunidad para conseguir el ansiado cargo llegó en la temporada electoral 1962-63. Finalmente no se presentó, pero organizó el Movimiento de los Independientes, convocó mítines e hizo circular su nombre al lado de la mágica palabra “Presidente”. No se crea que lo hizo con gusto. Le desagradaba la “política criolla”, término que todas las partes usaban para definir las mil triquiñuelas de la lucha por el poder. En honor a la verdad, no solo eran los modos, también le molestaba la idea general, si había alguna, que su propio bando tenía sobre lo que se debería hacer con el Perú, o al menos con su Estado. Aborrecía el despilfarro, la burocracia supernumeraria, las cuentas dudosas. Si por él fuera, encerraría todo lo recaudado en una sola, grande y sólida caja-fuerteiˆ. ¿A qué se destinaría ese caudal? Eso es motivo de controversia hasta ahora, pero nadie debería subestimar su capacidad para representar los intereses de los suyos.

 Beltrán en TV, nunca fue popular.
Beltrán en TV, nunca fue popular.
  Le desagradaba tanto la política criolla que, cuando no había fundado un partido para participar, prefería irse del país en tiempos de elecciones. Parece contradictorio y lo es, pero no había otro remedio.Actuando junto con otros, Beltrán podía poner presidentes, o llegado el caso, sacarlos. Pero comprendía que si quería ser Presidente, tenía que convertirse en un político criollo. Probablemente nunca superó su repulsión, y en el fondo, nadie creía sinceramente que pudiera llegar a ser Presidente. Pero ya se sabe: “en el Perú nunca se sabe”.

Tan temprano como julio de 1961, circuló en cafés y redacciones un plan, “Operación Beltrán Presidente”, que de cumplirse haría realidad su sueño. El plan consistía en:

- Ganar el voto aprista mediante un pacto con la cúpula, calculando a precio de remate que el APRA tenía el 25 por ciento de los votos.

- Sumar al MDP, el pradismo, pocos en términos electorales pero importantes por sus “resortes legales”, es decir, prefectos, sub prefectos, jueces y una maraña de “contactos”.

- Poner al servicio de la candidatura “el imperio publicitario de Baquíjano”, “La Prensa” y “Ultima Hora”.

- Ganarse a “los adinerados” y “los sectores conservadores, que son más de lo que se cree”.

- Incentivar la proliferación de las candidaturas de centro izquierda para debilitar a Belaunde.

- Obtener el apoyo de las empresas extranjeras.

- Asegurarse un 15 a 20 por ciento de “votación orientada”, es decir, hacer un fraude de tamaño “moderado” pero decisivo.

Existían varios problemas por resolver:

Beltrán y Haya, la alianza imposible de 1962.
Beltrán y Haya, la alianza imposible de 1962.

- Beltrán no era popular en las calles, nunca lo fue. En 1931 su partido fue “disuelto a sombrerazos por el pueblo en la Plaza San Martín”. En 1959 subió el precio de la gasolina y reavivó la hoguera del petróleo.

- El APRA duda, o peor aún, teme un destino junto a Beltrán. No todos los apristas aceptarían ese “endose”. Aliarse a Pedro Beltrán podría provocar un cisma más grave que el Apra Rebelde.

- “La subsistencia de Odría” era un “incordio”, compite por los mismos votos, le resta apoyo en los sectores conservadores menos ilustrados, es decir, casi todos. Además, los pradistas prefieren entenderse con el laxo General, que con el seco ex Presidente del Banco Central.

Beltrán nunca fue Presidente del Perú, ni siquiera llegó a figurar formalmente como candidato, pero según “La Tribuna”, “exhibe el más alto índice de mortalidad de partidos políticos por él fundados”. Era el desdichado caso de alguien que “detesta a los políticos pero no puede vivir sin la política”.  (Escribe: Luis Jochamowitz)
 
CARETAS, Ilustración Peruana, edición 225, julio de 1961.

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