Federico More en los años treinta, cuando dirigía la revista “Cascabel”.
Federico More en los años treinta, cuando dirigía la revista “Cascabel”.
Edición 2457: Lunes, 17 de Octubre de 2016

La Noche en Lima, Según More

Comentarios de un noctámbulo en el retiro (1951)

Federico More en los años treinta, cuando dirigía la revista “Cascabel”.
Federico More en los años treinta, cuando dirigía la revista “Cascabel”.

Cuatro años antes de morir, Federico More publicó un artículo sin título y firmado “un colónido”, que debe ser una de las cúspides de ese estilo ensayístico, especie de divagación libre sobre sí mismo, en que había devenido el viejo periodista político. El artículo es una mezcla de memorias, di-sertación sociológica y encomio cívico, dedicado a las noches de Lima, es decir, a las noches de More en las décadas del diez y del veinte.

Comienza con un recorrido por casi dos docenas de restaurantes, bares, bodegas, cafés, confiterías y chinganas, incluyendo siempre el horario de cierre del local. Algunos lugares, o noches, han quedado mejorados por el recuerdo, como el restaurante del zoológico, “inmenso y reverberante local de cristal que se encendía como un ascua”, o el Jardín Estrasburgo, en el Portal de Escribanos, “que era verdaderamente un jardín, lleno de senderos cubiertos con pequeñas piedras de rio y una puerta de escape que daba a la calle Mantas”. Curiosamente, el Palais Concert, que se supone sería su sede oficial como miembro del grupo Colónida, apenas se su-giere dominado desde el palco por la música dulzona de las damas vienesas.

De otros lugares solo guarda impresiones todavía más fugaces, como el Bar Marítimo en el Callao, repleto de humo y de marineros que conversan en distintas lenguas, la fonda de Paredes, en la calle Filipinas, con unas papas a la huancaína que eran “un cemen-terio de moscas”, la comida “pomposa” del Vitervo, al lado del puente Balta, los tacu tacus al amanecer del Café Can Can, anexo al mercado central, y una larga lista de locales que nunca cierran. More se muestra erudito y versátil, como que uno de sus lugares preferidos era una carbonería donde se servían los mejores piscos de Lima.

El Restaurante del Zoológico, en las noches brillaba “como un ascua”.
El Restaurante del Zoológico, en las noches brillaba “como un ascua”.


Gracias a la suavidad del clima, la ciudad había tenido durante todo el año una alegre vida nocturna, pero en 1951, More creía que ese tiempo había terminado y se vivía una decadencia. En sus recuerdos de los mejores años, la vida nocturna era un pequeño mundo idílico, aunque capaz de llegar al esperpento, iluminado por la luz artificial donde ricos y pobres, cierto que por separado, se reunían todas las noches. Las causas de esa decadencia eran muchas y More da otra muestra de su versatilidad al enumerarlas:

–“en primer lugar el cuento de la silueta, la presión arterial y que no hay que comer por la noche”.

El escritorio y el gato de More, poco después de su muerte en 1955.
El escritorio y el gato de More, poco después de su muerte en 1955.


–“La producción de alimentos se ha reducido en demasía”, incluyendo “el caso extrañísimo” de las menestras, que casi han desaparecido.

–la competencia con otras diversiones, sobre todo la radio y “las sombras del cine que hacen imposible convenir una cena”. En 1951 Lima tenía “más de cien salas pobladas por espectros”.

–la ruina de la vida intelectual gregaria, “hoy la inteligencia es algo solitario y monótono”.

–las mujeres, que “prefieren un par de medias de nylon a una buena cena”. Esto último lo atribuye al uso constante del lápiz de labio, que aplicado en grandes cantidades puede malograr el aparato digestivo.

Todavía hay más razones para la decadencia de “la vida galante”, incluyendo las migraciones de andinos, “la mayoría pre tuberculosos”, que “no están para pensar en la vida nocturna”, o la extensión y mecanización de la ciudad, que la han convertido en algo “más impresionante que una novela policial”.

CARETAS, Ilustración Peruana, edición 11, agosto 1951.